Un año de AMLO

Análisis Internacional

Por Gonzalo Fiore

El 1º de diciembre se cumple un año de la asunción de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) como presidente de México. Tras sus primeros 365 días, el balance que se puede hacer es complejo, con más grises que blancos o negros. Si bien el primer mandatario abiertamente de izquierda de la historia de México ha comenzado a proyectarse tímidamente como líder regional, cuenta con un frente interno complicado. Aunque tenía niveles de popularidad del 80% al momento de asumir, estos lógicamente bajaron para ubicarse entre el 50% y el 60%. Su aprobación entre los mexicanos sigue siendo alta, además, la oposición no encuentra un liderazgo para ordenarse. Por lo pronto, AMLO capitaliza su popularidad con medidas simbólicas tendientes a restablecer la confianza del pueblo en la clase política. La Ley de Austeridad Republicana, recientemente promulgada, establece un gran recorte para los funcionarios públicos, reduciendo salarios y número de asesores.

Por lo pronto, debido a los desafíos que enfrenta, su promesa de la “cuarta transformación” aún se encuentra lejana de concretarse.Más allá de sus intenciones, todavía no ha mostrado ningún resultado concreto en el problema más grave que enfrenta México: el narcotráfico. Tan sólo en lo que va de 2019, las cifras oficiales dan cuenta de un record de asesinatos ligados al crimen organizado y la venta ilegal de drogas que asciende a los 28.741. Los trece años de la “guerra contra el narcotráfico” lanzada por el ex presidente Vicente Fox arroja el escalofriante número de alrededor de 300.000 muertos, muchos de ellos, desaparecidos. Pocos días después de asumir, AMLO anunció el despliegue de 35.000 efectivos de la policía federal para combatir el narcotráfico. En enero de este año, el presidente anunció que la “guerra contra el narcotráfico” había “terminado”.

Sin embargo, el aumento de los homicidios y la violencia armada sigue siendo una constante. En octubre pasado se produjeron duros enfrentamientos en Culiacán entre el Estado mexicano y el Cartel de Sinaloa por el encarcelamiento del hijo del Chapo Guzmán. Luego de esos hechos, Obrador decidió ordenar la liberación de Ovidio Guzmán López para evitar más víctimas mortales. Esto le valió la crítica de haber cedido el Estado de Sinaloa al Cartel.G

Por lo pronto, ha presupuestado el gasto social para el año próximo en 13.000 millones de dólares, siendo el más alto de la historia mexicana. No obstante, aunque el gobierno esperaba un incremento del 2% del Producto Bruto Interno para este año, la economía mexicana se encuentra estancada. El PBI del país creció apenas un 0,1% en el primer trimestre de 2019 según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. A su vez, cayó un 0,4% en el periodo julio-septiembre de este año respecto del año anterior. Técnicamente, México ingresó a una recesión económica, la primera del país desde la sufrida durante la crisis mundial del año 2009. Ante esto, AMLO se verá obligado a implementar medidas que contribuyan a aumentar el consumo interno, favoreciendo a los sectores más desprotegidos del país. En ese contexto se entiende el aumento en el gasto social. No se teme un crecimiento significativo en la inflación ya que para este año cerrará en apenas un 3,4%.La relación con su par estadounidense viene siendo mucho mejor de lo que se esperaba. Más allá de medidas como otorgar asilo a Evo Morales, el mexicano ha dado concesiones importantes a Donald Trump, especialmente en materia migratoria. De esa manera, logró eludir una gran suba de aranceles. Estados Unidos representa el 80% del destino de los productos mexicanos. A su vez, el norteamericano lo llamó para ofrecerle su apoyo tras los hechos de Culiacán. Más allá de impulsar la formación del Grupo de Puebla, AMLO ha decidido no ser parte del mismo. Tampoco se han incluido a los países del llamado “eje boliviariano”, es decir, Venezuela, Nicaragua y Cuba. Si bien en su momento fue considerado el “Chavez mexicano”, desde la campaña presidencial y en lo que va de gobierno, el mandatario prefiere mostrarse como un hombre de izquierda pero moderado.

En un contexto regional extremadamente convulso, con una falta de liderazgos progresistas claros, la figura del presidente de México puede ser importante. El gran desafío de AMLO en los próximos años será comenzar a resolver la situación interna para de esta manera consolidarse como un liderazgo progresista en la región. Representando una izquierda centrista y pragmática, representando así, un contrapeso al Brasil de Jair Bolsonaro. Los tres períodos históricos previos a los que López Obrador suele hacer referencia en sus discurso han sido: la independencia de 1810 a 1821, la Reforma de Benito Juárez –el personaje que AMLO más admira- de 1858 a 1861 y la Revolución de 1910 a 1917.

El presidente no quiere ser simplemente un mandatario más y pretende ser considerado parte de esa tradición transformadora tan importante para la historia de su país. Los mandatos presidenciales en México duran seis años sin re elección, por lo que, si bien, la era de AMLO recién comienza, deberá implementar reformas estructurales reales en los tiempos que vienen. Solo así podrá estar a la altura de la tan prometida “cuarta transformación” que tanto ansía un gran porcentaje de los mexicanos.

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