Trump y los fantasmas del impeachment

Análisis Internacional | Por Gonzalo Fiore

De cara a las elecciones presidenciales de 2020, Donald Trump enfrenta un escenario extremadamente complejo que, de avanzar por los cauces institucionales, podría terminar con su destitución como presidente de los Estados Unidos. Esto, en los papeles. En lo político, el proceso de ‘impeachment’ que iniciaron los demócratas en la Casa de Representantes tiene pocas posibilidades de triunfar. Los impulsores del proceso se auto impusieron como fecha para votar en el Congreso la Navidad. Si bien el Partido Demócrata tiene mayoría en la Casa de los Representantes, no lograría alcanzar, en principio, los votos necesarios en el Senado. De los 100 integrantes de la Cámara Alta, se necesitaría el voto de 67. Para ello, todos los demócratas deberían apoyar la iniciativa, más 20 senadores republicanos. Por ahora hay incógnita sobre cómo actuarían los dirigentes más importantes del Grand Old Party que han sido críticos de Trump como los senadores Mitt Romney o Susan Collins. El costo político para el Partido Republicano podría ser muy grande de cara al futuro. Sus bases más centristas, representadas en hombres como Romney, ven en Trump a un hombre que podría destruir el partido.

Al presidente se lo acusa, concretamente, de pedirle información en julio pasado al entonces recién presidente electo de Ucrania, Volodimir Zelensky, sobre el hijo del ex vicepresidente y actual pre candidato presidencial demócrata Joe Biden, Hunter. Según la conversación filtrada a la prensa, el estadounidense le pide a su par ucraniano “un favor”, explicándole que se reuniría con su abogado personal, el ex alcalde de New York, Rudolph Giuliani, para hablar sobre la cuestión. Giuliani se reunió con el embajador de Ucrania en agosto pasado en Madrid. Trump sospechaba que el anterior gobierno ucraniano apoyó a Hillary Clinton en las elecciones de 2016 y estuvo detrás de las acusaciones sobre la injerencia rusa. Algo más grave aún es que Trump retuvo 400 millones de dólares en ayuda militar a Ucrania mientras esperaba los resultados de la investigación sobre el hijo de Biden. Hunter está acusado de haber incurrido en actos de corrupción con una empresa ucraniana, Burisma, de cuya junta directiva fue miembro durante cinco años. Actualmente Joe Biden es el hombre con más posibilidades de convertirse en el candidato del Partido Demócrata para enfrentar a Trump en las elecciones del 2020. Por lo que el presidente estaba interesado en esmerilar sus posibilidades presidenciales a través de su hijo.

En la historia de los Estados Unidos, el impeachment sirvió como amenaza latente para todos los residentes en la Casa Blanca. Sin embargo, sólo dos veces se ejecutó como tal: contra Andrew Johnson en 1868 por conflictos debido a la reconstrucción del país luego de la Guerra Civil, y otro, más reciente, en 1999 contra Bill Clinton por mentir bajo juramento y obstrucción de la justicia debido al caso de Mónica Lewinsky. En ninguno de los dos casos el proceso tuvo éxito y los presidentes siguieron en el cargo. Richard Nixon, en cambio, no llegó a ser enjuiciado formalmente por Watergate en 1974 ya que decidió renunciar antes, debido a que no hubiera tenido posibilidades de eludir su remoción del sillón presidencial. Nixon es el presidente con el que más comparan los analistas políticos a Trump. Por ahora, todo indica que al igual que su par republicano, el actual mandatario tiene grandes posibilidades de acceder a un segundo período presidencial. En caso de ser así, llegaría sumamente desgastado y con resistencias internas dentro de su mismo partido. Esto también le ocurriría a Biden, ya que, si bien su caso está siendo usado por los demócratas para demostrar la supuesta falta de idoneidad de Trump para ejercer el cargo, también tiene grandes reticencias internas.

Aunque el proceso de destitución tiene muy pocas, prácticamente nulas, probabilidades de triunfar, Trump vería aún más desgastada su imagen entre un importante sector de la población estadounidense, ya muy crítica de su gestión. Mientras tanto, todas sus medidas, de corte populista, van en la línea de endurecer a su núcleo de votantes. No se recuerda una presidencia de los Estados Unidos tan turbulenta hacía adentro como la de Donald Trump. En lo que va de su mandato ha logrado librarse de una investigación sobre sus supuestos lazos con Rusia. Al mismo tiempo que ha hecho oídos sordos a una larga lista de acusaciones sobre abuso y acoso sexual. No hay en la historia reciente un presidente estadounidense con una imagen tan polémica y desgastada, un año antes de terminar su primer mandato. No obstante, por ahora, tiene a su favor tanto los índices de la economía como un electorado extremadamente fiel. El país permanece profundamente dividido en torno a su figura desde las elecciones de 2016. Pocas cosas indican que esta situación pueda llegar a cambiar. Menos posibilidades hay aún de que Trump tome la vía de Richard Nixon y renunciar. Ha dado ya habidas muestras de estar dispuesto de llegar, como sea, hasta el final.

 
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