Italia, sardinas contra la ultraderecha

Mondo cane | Por Gonzalo Fiore

Italia cuenta con una larga historia de movimientos de protestas sociales extraños e irreverentes. Tras la crisis mundial de 2008 surgieron varios, el más importante de ellos fue el Movimento Cincue Stelle (Movimiento Cinco Estrellas) del cómico Beppe Grillo. Finalmente se convirtió en un partido político que llegó a compartir coalición de gobierno con la ultra derecha antes de estallar por los aires y formar nuevo gobierno con partidos de centro. La crisis de representación que vive la política europea en general y la italiana en particular hacen que los partidos políticos tradicionales no encuentren respuesta a los reclamos de amplias capas de la población. Ello, en parte, explica gran parte del éxito de personajes populistas, con estilos llenos de desparpajo como Matteo Salvini y La Liga. Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, comienza a surgir un movimiento que desde la izquierda pueda darle respuesta a los reclamos de los sectores juveniles, enojados con las políticas ultra derechistas del que hoy es el político más popular de Italia, aunque haya quedado fuera del gobierno debido a las maniobras de palacio.

Las Sardinas es un movimiento surgido en Bolonia, hace poco más de un mes. Fue durante un acto de Salvini para las elecciones autonómicas de la región de la Emilia-Romagna, donde más de quince mil jóvenes se reunieron para protestar contra la presencia del líder de La Liga en la plaza mayor de la ciudad. Allí le dieron nombre al movimiento, jugando con el número de personas que se encontraban apretadas en el poco espacio físico que representaba la plaza. Dijeron: “Una sardina sola es un bocado para un tiburón, pero un banco de sardinas que nadan en forma de tiburón son invencibles”. El movimiento es sumamente heterogéneo, no se define ni de izquierda ni de derecha, aunque es claramente cercano al progresismo. Su objetivo es rechazar abiertamente las consignas anti inmigración, homofóbicas, contrarias a las minorías y llenas de odio que utiliza constantemente Salvini para dirigirse a su electorado. Esta fue apenas la primera aparición de muchas.

El hombre fuerte de la ultraderecha italiana logró cimentar su enorme popularidad a través de viajar todo el tiempo por el interior del país. Realizando actos multitudinarios donde logra tener contacto con sus simpatizantes de manera directa. Además, un uso de las redes sociales bastante poco tradicional ha conseguido granjearle cada vez más seguidores. Los jóvenes que crearon Las Sardinas han tomado nota de esto y lo han usado para su propio crecimiento. Si Salvini tiene un acto público en una ciudad del interior, allí están ellos, protestando contra su presencia. Apretados, en algún lugar público, allí lanzan sus propios eslóganes. Después del mitin de Bolonia, siete mil sardinas se apostaron en Módena para rechazar al italiano. Esta operación se repitió nuevamente en todas las ciudades donde Salvini se dirigió a encabezar actos: Florencia, Milán, Turín, Cagliari, Nápoles, Palermo. Siempre en contingentes que oscilaban entre las tres mil y las veinte mil personas.

La heterogeneidad del movimiento radica en que sus integrantes proceden de diversas procedencias etarias, políticas, y sociales. Tampoco tienen una conducción, aunque fueron creadas por cuatro jóvenes de Bolonia. El más conocido de ellos es un economista de 32 años llamado Mattia Santori. El joven asegura que no son sólo anti salvinistas sino que también pretenden una “reconstrucción del tejido democrático italiano”. El movimiento está formado desde jóvenes como Santori y sus amigos a monjas de más de ochenta años que, en línea con el Papa Francisco, rechazan fervientemente el discurso anti inmigración de la ultra derecha. El 26 de enero habrá elecciones en Bolonia, allí Salvini puede derrotar a la izquierda. Es decir, repetir lo que ya consiguió en Umbría hace un mes, donde expulsó al gobierno tras 49 años. La Liga viene arrasando en distritos que históricamente pertenecieron a la centro izquierda. Y si logra triunfar en la Emilia-Romagna podría consolidar su poder para unas elecciones nacionales anticipadas. Las cuales, en Italia, nunca se sabe cuándo podrían producirse.

Aunque las Sardinas ya irrumpieron en la centralidad de la vida política italiana, todavía tienen su mayor desafío por delante: encauzar políticamente el movimiento. Por ahora han declarado que no tienen intenciones de formar un partido político ni presentarse a elecciones, lo que no le augura un buen futuro. Siempre que surgen este tipo de fenómenos populares aparecen el mayor de los dilemas: Estructurarse de manera orgánica a riesgo de perder potencia movimientista. También puede suceder que al no tener conducción clara, los reclamos se difuminen y se queden sin capacidad de presión. Fue lo que terminó pasando con los indignados en España, al igual que con Ocuppy Wall Street en los Estados Unidos. El máximo desafío de las Sardinas, entonces, será organizarse de una manera que no pierdan lo que las hace particulares. Al mismo tiempo que construir una serie de reclamos que vayan más allá que el rechazo contra las políticas de Salvini. Ellos aseguran ser la pregunta y no la respuesta. Por lo pronto, su irrupción es sumamente positiva en un panorama político tan anquilosado como el italiano.

 
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