Los chalecos amarillos, Macron y Marine

Mondo cane | Por Gonzalo Fiore

Nuevamente se registraron una serie de protestas y huelgas históricas en Francia. Las principales centrales sindicales galas salieron a la calle para protestar contra la nueva reforma previsional que propone el presidente Emmanuel Macron desde finales del año pasado. Al mismo tiempo, como suele ser moneda corriente en el país desde octubre de 2018, volvieron a salir a la calle los Chalecos Amarillos. Si bien, el movimiento perdió fuerza desde su impulso inicial, siguen marchando todas las semanas. Su organización les permite, además, sumarse a este tipo de reclamos de manera casi automática, ganándole el control de la calle al gobierno. Los Chalecos Amarillos, si bien siguen sin un liderazgo claro, parecen beneficiar a la figura política de Marine Le Pen. La dirigente populista enarbola todo su discurso alrededor de los trabajadores y los excluidos por las elites liberales tradicionales de Francia. Por ello, su épica del “hombre común” tiene gran alcance entre los manifestantes. En diciembre se produjeron las primeras manifestaciones contra esta iniciativa. Cerca de un millón y medio de personas marcharon por las calles de Paris, mientras que el paro fue casi total.

Este tipo de hechos son hábilmente aprovechados por Le Pen para erigirse en la principal opositora a Macron. Por ahora, el presidente se siente cómodo polarizando con alguien que lo hace ver como un líder progresista. Sin embargo, esto puede volvérsele en contra a medida que su popularidad cae. La reforma, consiste principalmente en unificar los 42 regímenes previsionales existentes en uno sólo. Para los sindicatos, esto beneficiaria únicamente a los empresarios privados y a las patronales. A su vez, el proyecto preveía la suba de la edad jubilatoria. Actualmente, en Francia es de 62 años, pero allí se contemplaba subirla a 64. El gobierno finalmente dio marcha atrás en este punto debido a que los sindicatos más dialoguistas como la CFDT (Confederación Francesa Democrática del Trabajo) lo exigían para comenzar las conversaciones. No obstante, los más radicalizados como la CGT (Confederación General del Trabajo) continúan con las protestas hasta que se efectúe el retiro definitivo del proyecto de ley. El desgaste es grande ya que desde hace más de un mes la huelga indefinida afecta a los transportes públicos.

Las clases medias bajas, tanto urbanas como rurales, vienen sintiéndose abandonadas por Macron desde hace tiempo. Ese descontento se ve traducido en las protestas callejeras que aparecen periódicamente. Al presidente se lo acusa de gobernar “para los ricos”, o al menos, a favor de una cierta élite liberal, universitaria, de clase media alta. La popularidad del mandatario es tan baja, que para enero de 2019, un 80% de los franceses consideraba que debía modificar drásticamente su política social y económica. Si bien, su popularidad creció tras su manejo respecto del incendio en Notre Dame en abril pasado, luego volvió a decaer. Las encuestas más recientes ubican su índice de aprobación en el 40% mientras que un 60% de franceses rechaza su gestión. Esto lo pone en una situación extremadamente delicada de cara a las votaciones de marzo próximo. Allí, la formación del presidente se enfrentará a la de Le Pen para hacerse con los gobiernos locales.

El panorama político en Francia es particular debido a que este año se suma la celebración de elecciones municipales. El próximo 15 de marzo se celebrarán comicios en todas las ciudades del país. La última vez que se celebraron, en 2014, contaron con una abstención record, del 38,5%. Un electorado que se disputan tanto el oficialismo como la ultraderecha de la Agrupación Nacional liderada por Marine Le Pen. Esa polarización entre la dirigente de extrema derecha y el presidente Macron, volverá a producirse en las elecciones municipales. Será, como todo indica, un paso previo para medirse las fuerzas de cara a las presidenciales de 2022. Al igual que lo fueron los comicios europeos del año pasado, donde Le Pen resultó fortalecida. Según indican las encuestas, la dirigente de extrema derecha podría cosechar un éxito considerable en una gran cantidad de municipios. Toda Europa se encuentra atenta a esto ya que podría sumarse a los triunfos electorales que seguramente conseguirá La Lega de Matteo Salvini el mes próximo en las elecciones regionales de la Emilia Romagna.

Lo cierto es que los Chalecos Amarillos, que habían sido noticia a finales de 2018, no dejaron su actividad durante todo el 2019. Macron pretende presentarse como la nueva cara de una Europa unida. Un líder “racional”, progresista, liberal en lo social, en contraposición a los Salvini, Orbán o Le Pen. Pero mientras siga queriendo implementar políticas económicas y sociales que sólo benefician a unos pocos, puede llegar a ser funcional para la victoria probable de una alternativa extremista en Francia. La ultra derecha francesa es un fantasma que recorre el país galo desde los tiempos de Le Pen padre. Siempre fue derrotada en los ballotage, aunque nunca tuvo tantas posibilidades concretas de hacerse con el poder como en la actualidad. Michel Houellebecq, en su novela Sumisión, publicada en 2015, imagina una Francia gobernada por un partido islamista en 2022. El presidente, allí, derrotaba en un ballotage a Marine Le Pen. Si la situación social se sigue descomponiendo, y los sujetos políticos encuadrados dentro de los Chalecos Amarillos no obtienen respuesta a sus demandas, ese más que probable ballotage podría darla como ganadora.

 
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