Trump en tiempos de pandemia

Por Gonzalo Fiore

En medio de un año electoral, la crisis desatada por el coronavirus está dejando a Donald Trump en una posición extremadamente compleja a la hora de lograr su reelección. Estados Unidos ya es el tercer país del mundo con mayor cantidad de infectados por la pandemia. Mientras tanto, el presidente sigue negándose en declarar una cuarentena total. Su peor miedo es que se desmorone el éxito económico sin precedentes que había logrado durante su Administración y que presentaba como su mayor activo de cara a las elecciones de noviembre. El país venía mostrando su mayor índice de crecimiento y nivel de pleno empleo en los últimos cincuenta años. Sin embargo, el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, aseguró ante el Congreso que los números de desocupación podrían subir a niveles similares a los de la Gran Depresión causada por el crack de 1929. El gobierno de Trump busca que ambas cámaras aprueben un rescate cercano a los dos billones de dólares para hacer frente a la crisis económica venidera. El vicegobernador de Texas, en línea con el discurso oficialista, afirmó que los “abuelos están dispuestos a morir para salvar la economía”. 

En medio de la guerra comercial con China, Trump aprovecha para referirse al covid-19 como el “virus chino” cada vez que puede. Fiel a su estilo polémico, lo ha hecho en discursos y en sus redes sociales. Lo que ha causado temor de que aumenten los ataques xenófobos contra integrantes de las comunidades asiáticas-americanas residentes en el país. La primera medida del gobierno estadounidense fue cancelar todos los vuelos en dirección y provenientes de China. La identificación constante que Trump ha hecho de la pandemia con las políticas del Partido Comunista chino van en línea con las declaraciones de Eduardo Bolsonaro la semana pasada, donde endilgó todas las responsabilidades al gobierno del gigante asiático. Lo cierto es que por ahora Estados Unidos cuenta con la alarmante cifra de más de 46.000 casos y 593 víctimas fatales, situándose así por delante de España, Alemania y Francia y sólo por detrás de Italia y China. A pesar de esto, Trump sigue minimizando el escenario, priorizando la economía.

“Nuestro pueblo quiere volver a trabajar, la cura no puede ser peor que el problema”, aseguró el presidente el martes en su cuenta de Twitter. Si bien, pidió poner en práctica el distanciamiento social, no tiene intenciones de “cerrar el país”. Allí aprovechó para presionar al Congreso para que apruebe el desembolso de los dos billones de dólares, que ya fue votado positivamente por el Senado, aunque era más difícil su aprobación en la Cámara de Representantes, donde el gobierno no cuenta con mayoría. El presidente teme que una recesión podría impactar de manera brutal no solo en su gobierno sino incluso también en el sistema de salud, provocando aún más muertes por la pandemia. El gobernador Andrew Cuomo, del Estado más afectado, Nueva York, pidió que el gobierno nacionalice las empresas productoras de insumos de salud para ponerlas a trabajar de manera urgente. A su vez, solicitó ayuda económica al gobierno federal. El Estado tiene actualmente más de 25.000 personas afectadas.

Boris Johnson fue uno de los líderes mundiales que había tomado una posición similar al comienzo pero tuvo que dar marcha atrás. Aunque en el camino perdió días muy valiosos para combatir el índice de contagios, el primer ministro británico finalmente decretó la cuarentena obligatoria durante tres semanas para intentar aplanar la curva y evitar así el colapso del sistema de salud británico. En su momento, Johnson había dicho que había que buscar la “inmunidad social”, dejando que se contagie la mayor cantidad de personas, y priorizando que la economía continúe funcionando en niveles de producción normales. El Reino Unido está muy lejos aún de los niveles de los Estados Unidos, con 6.700 casos y 336 muertos. Aunque esto podría cambiar debido a que aún no se estarían haciendo todos los test. Es probable que finalmente Trump termine siguiendo sus pasos y tomando medidas similares. Aunque parece que prefiere esperar que la oposición apruebe su ambicioso plan de dos billones de dólares para, antes de decretar la cuarentena, mitigar sus seguros efectos en la economía estadounidense. Por lo pronto, el mero anuncio provocó el repunte más grande de Wall Street desde 1933. 

Algo que parecía impensado hace algunos meses era que Donald Trump pueda perder la elección de noviembre frente a un candidato del Partido Demócrata. Más improbable aún era que su contrincante fuera Joe Biden. Todas las circunstancias se han alineado para que esto suceda. El ex vicepresidente de Barack Obama enfrentará a Trump con grandes posibilidades de arrebatarle la presidencia. Esto dependerá, en mayor medida, de las consecuencias de la grave crisis tanto sanitaria como económica que sufre el país. Amenaza con convertirse en la más grande desde 1929, muy superior a la vivida durante 2008. Donald Trump deberá ejercitar su muñeca política más que nunca si quiere sobrevivir, y, especialmente, si pretende que los ciudadanos de su país no sufran las consecuencias de una recesión que parece, será catastrófica. El tiempo dirá si está a la altura de las circunstancias, por ahora, el manejo que viene haciendo de la situación sanitaria, claramente no lo está poniendo en ese lugar. 

 
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