Boris Johnson, la salud, y los dogmas

Por Gonzalo Fiore

El Reino Unido es el único país, hasta ahora, con dos de sus figuras políticas centrales contagiadas por coronavirus. Tanto el primer ministro Boris Johnson, de 55 años, y el Príncipe Carlos, de 71, dieron positivo. Sin embargo, el gobierno del país hasta ahora se ha caracterizado por una respuesta frente a la pandemia desbordada tanto de incertidumbres como de idas y vueltas. El modelo inglés que había pretendido imponer Johnson durante los primeros días, de que la mayor cantidad de ciudadanos se contagien para lograr un “contagio controlado” y una “inmunidad de rebaño”, finalmente tuvo que dar marcha atrás y dictar una cuarentena por presión de los privados, que ya estaban implementando el aislamiento. Sin embargo, las características de esta medida no están claras, y los principales medios del país han tenido que sacar comunicados sobre cuáles son las acciones permitidas y las que no. El país ya tiene más de 25.000 casos de coronavirus y más de 1.700 muertos por la pandemia, con un record de 381 muertes por día. 

Los pronósticos de los expertos, que obligaron a Johnson a cambiar el rumbo, eran catastróficos: en el mejor de los casos, un cuarto de millón de personas iban a morir por el coronavirus. Esto iba a suceder incluso si el sistema médico británico podía atenderlos a todos. Aunque esto a su vez era poco probable, ya que el Reino Unido no cuenta con la cantidad de respiradores necesarios para ello. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las víctimas por la pandemia podían ascender a 500.000 personas si el gobierno decidía continuar con su estrategia de “mitigación”. Por ello, Johnson ordenó pasar a la fase de “supresión”, es decir, implementar el aislamiento social en orden de poder romper con la cadena de transmisión del virus, como hizo China y como están realizando la gran mayoría de los países afectados. Los días que el gobierno perdió, alentando que no se realice el aislamiento, podrían ser claves pensando en los futuros contagios. El mismo Johnson hoy se encuentra aislado y trabajando desde Downing Street. 

Paradójicamente, el hacedor de la estrategia de la “inmunidad social”, Domminc Cummings, a su vez, hombre clave en el Brexit y en la última victoria de Johnson, también se encuentra aislado debido a síntomas. El mismo Cummings fue el artífice del nuevo slogan del gobierno luego del giro en la manera de enfrentar la pandemia: “Quédate en casa, protege la sanidad pública, salva vidas”. El ideólogo del gobierno anunció que sigue en contacto permanente con Johnson a través de video llamadas. Ahora el primer ministro invita a los ciudadanos a trabajar desde sus casas. El ministro de Sanidad, Matt Hancock, también ha dado positivo por el virus. Aunque Inglaterra sigue siendo la zona más afectada, con 1.651 del total de los 1.801 fallecidos en toda la isla, Gales cuenta con 69 víctimas fatales, mientras que Escocia e Irlanda del Norte tienen 60 y 28 muertos cada uno. Aunque estas cifran varían día a día y minuto a minuto. 

Las autoridades médicas del Reino Unido ahora aseguran que el confinamiento podría llegar a durar hasta seis meses. Debido a la lentitud en la toma de medidas, la situación es tan crítica que el país no podrá regresar a la vida normal, por lo menos, hasta la primavera o inclusive el otoño del año 2021. Según los expertos, aún no se ha visto el peor momento de la pandemia en el país y la situación todavía tiene que “empeorar antes de mejorar”. Una de las consecuencias inmediatas de las medidas del gobierno podría convertir a unos 350.000 residentes europeos en el Reino Unido en ilegales. Ya que podría ponerse en riesgo el funcionamiento del Settlement Scheme, un programa informático que sirve para tramitar las autorizaciones para continuar en el país tras el final del período de transición del Brexit, que se producirá el próximo 31 de diciembre. La mayoría de las consultas se hacen primero cara a cara, por lo que no podrán realizarse en el próximo período. Por ello, los comités de ayuda a inmigrantes se encuentran en estado de alerta. 

Johnson pretendía evitar la caída de la economía, en contraposición a las medidas de los países de la Unión Europea (UE). Para de esta manera quedar mejor posicionado de cara al mundo que se viene, una vez que pase la crisis sanitaria por la pandemia y todos los focos se centren en la devastación económica. El sueño del primer ministro, desde que comenzó a impulsar el Brexit, es crear una especie de “Singapur en el Támesis”.  El Reino Unido pretendió aislarse del bloque europeo en orden de recuperar una grandeza mítica. No obstante, desestimó la idea de aislamiento y distanciamiento social como manera eficaz de enfrentar una pandemia que está haciendo colapsar los servicios de salud de los principales países del mundo. En materia de salud pública no existen los dogmas ideológicos. Lamentablemente para los británicos, Boris Johnson y su gobierno debieron aprenderlo a la fuerza.

 
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