De pandemias y mezquindades

Por Gonzalo Fiore

Mientras la pandemia del coronavirus golpea a todo el mundo, y por supuesto, a América latina, algunos presidentes parecen más enfrascados en luchas personales o políticas que en mitigar los efectos de la crisis sanitaria en sus países. Un ejemplo de esto es la actuación de Sebastián Piñera, quien en los últimos días se mostró enojado con el gobierno argentino debido a que Alberto Fernández nombró a Chile como un ejemplo donde la pandemia produjo gran cantidad de contagios debido a la falta de medidas de contención. El presidente chileno solicitó inmediatamente un informe a sus expertos en salud, con el objetivo de rebatir los datos que compartió el Ejecutivo argentino. Allí, el gobierno chileno asegura que tiene mejores datos que Argentina en casi todos los aspectos. El punto más importante del documento que se filtró, supuestamente, sin autorización del gobierno, es que, según lo expresado allí, Chile tiene una tasa de positividad de casos del 9,07% mientras que la de Argentina es del 11,88%. Chile tiene hasta ahora más de 4.000 casos confirmados. Y su postura frente a la situación es la de no mantener una cuarentena estricta demasiado tiempo.

Por ahora, Alberto Fernández nunca se ha encontrado en persona con su par chileno. A pesar de ser de veredas opuestas políticamente, tampoco se han proferido epítetos como los utilizados por Jair Bolsonaro contra el presidente argentino durante la campaña o incluso después de la elección. Sin embargo, este nuevo e inesperado enfrentamiento podría desembocar en una crisis diplomática entre los países vecinos. Todo esto en un escenario regional altamente volátil debido no sólo a la crisis sino también al manejo que está haciendo de la situación sanitaria el presidente brasileño y sus pares uruguayos y chilenos. En clara contraposición a lo que sugiere la Organización Mundial de la Salud, la cuarentena todavía no es obligatoria ni en Brasil ni en Uruguay, salvo en algunos estados. Bolsonaro ha ido incluso más lejos que otros mandatarios, llamando abiertamente a romper el aislamiento. Saliendo a tomarse fotografías con sus seguidores sin uso de instrumentos que tapen la boca o la nariz. Hoy Brasil es el país con mayor cantidad de casos registrados de contagios en toda América latina, superando los 25.000, con más de 1.500 muertes.

Chile está implementando una especie de cuarentena administrada según las regiones del país. Mientras algunas entran en la etapa de aislamiento obligatorio, otras salen y retoman actividades. El ministro de Economía chileno había asegurado que era imposible “para el país por un mes”, por lo que se decidió este modelo. Lo que sí rige en Chile a partir del 18 de marzo pasado es el Estado de Excepción Constitucional por situación de emergencia. Ese instrumento le permite al gobierno evitar todo tipo de reuniones públicas y grandes congregaciones de personas. Su uso fue muy discutido debido a la particular situación que vive el país trasandino desde mediados del año pasado. Donde las protestas de estudiantes, trabajadores, movimientos sociales y colectivos feministas se sucedieron sin pausa ni paz para el gobierno de Piñera. Este instrumento le sirvió al mandatario también para suspender el plebiscito nacional que había convocado para el próximo domingo 26 de abril a causa de las presiones de los manifestantes. La elección tenía como objetivo determinar si la ciudadanía está de acuerdo en convocar a un nuevo proceso constituyente para elaborar una nueva Constitución.

Paradójicamente, el gobierno de Piñera está interviniendo en la economía como nunca se lo hubiera siquiera planteado. Al momento de dictar el Estado de Excepción anunció un ambicioso plan económico que tiene como objetivo frenar la crisis que se provocará a causa de la paralización del país. Utilizará nada más y nada menos que el 4,7% del Producto Bruto Interno chileno, es decir, unos 12.000 millones de dólares. A su vez, presentó un Fondo Solidario de 100 millones de dólares para “atender emergencias económicas y sociales de las Pymes, a través de los municipios y los ingresos familiares”. A través de esta medida se emitirá un bono que abarcará a dos millones de personas que reciben el bono de Subsidio Único Familiar. Al mismo tiempo, el gobierno garantizará el pago a todos aquellos que no puedan asistir a su trabajo debido al coronavirus. Sumado a esto, se realizarán descuentos y perdones impositivos en tanto dure el Estado de Excepción.

Mientras el mundo se debate en una falsa dicotomía, la de elegir entre la salud y la economía, el gobierno argentino ha tomado claras medidas a favor de proteger la salud de sus ciudadanos y evitar un pico de contagio con una curva demasiado alta. Lo cierto es que en este contexto, los mandatarios deberían evitar cualquier tipo de enfrentamiento estéril que no contribuya a evitar una situación tan grave como la que están viviendo tanto varios países de Europa como los Estados Unidos. Para ello es importante que los países de la región tomen medidas en conjunto, algo que hoy parece imposible. Aunque profundamente necesario de cara a un escenario tan inestable como impredecible. Al chileno le molestó particularmente que el presidente argentino dijera que “Chile tiene una tercera parte de nuestra población”, al momento de hablar de los contagios y las muertes causadas por el virus Covid-19. A los constantes ataques de Bolsonaro a cualquier medida que tenga que ver con la cuarentena, ahora se suma una actitud como la de Piñera. Una conducta que sólo aporta a la mezquindad cuando debería imperar la solidaridad y la unidad a la hora de enfrentar la mayor amenaza que atraviesa el mundo en las últimas décadas.

 
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