Bolivia: la política en un segundo plano

Gonzalo Fiore, especial para HDC

Lo que sucedía en Bolivia se encontraba en la centralidad de la comunidad internacional y en la lupa de los analistas hace tan solo algunos meses. Sin embargo, debido a la crisis desatada por la pandemia en distintos países del mundo, su situación pasó a un lejano segundo plano. El coronavirus también golpeó en el país latinoamericano, cuyo gobierno decidió posponer sin fecha cierta las elecciones que iban a celebrarse el 3 de mayo.

A su vez, el ejecutivo interino encabezado por Jeanine Añez viene recibiendo distintos golpes. Durante el fin de semana fue encarcelado el ex ministro de Salud debido a sobreprecios en el pago de insumos para hacer frente a la pandemia. Quien se encontraba al frente de la cartera, Marcelo Navajas, había ordenado pagar 170 respiradores a una empresa catalana al triple de su valor. Si bien la presidenta en funciones intentó despegarse del escándalo al pedirle la renuncia a Navajas, fue duramente atacada, tanto por la oposición como por la opinión pública.

La situación sanitaria en el Estado Plurinacional de Bolivia tampoco es la mejor. El sistema se encuentra al borde del colapso en algunas áreas, especialmente en la zona norte del país, debido a su cercanía geográfica con Brasil. La ciudad de Beni, que limita con el gigante sudamericano, concentra la mayor cantidad de casos en el país. Según los datos oficiales del Ministerio de Salud, del total de los 6.000 positivos y 240 fallecidos en todo el país, más de 1.100 contagios y cerca de 70 muertes son del departamento de Beni.

Incluso se llegó a cavar fosas de emergencia, ya que no sólo el sistema sanitario se encuentra desbordado, sino también los servicios fúnebres. Añez pidió al representante de la Organización Mundial de la Salud en Bolivia, a su nueva ministra, Eydi Roca, y a todos los expertos en el tema, que concentren sus esfuerzos en la zona de Beni para intentar darle aire al sistema de salud. Al mismo tiempo, la gobernación de Beni pidió asistencia a la zona limítrofe de Brasil.

A pesar de que Añez había asegurado en noviembre que no se presentaría a la presidencia, finalmente definió su candidatura. Al igual que Luis Fernando Camacho, dirigente santacruceño que había obtenido notoriedad a partir de las protestas contra Evo Morales. Ambos, oriundos de Santa Cruz de la Sierra, mantuvieron una alianza durante las jornadas que llevaron al golpe contra el MAS, pero rompieron políticamente tras conocerse las intenciones presidenciales de Añez.

Por otro lado, Evo Morales había nombrado a Luis Arce para competir por la presidencia, su ex ministro de Economía, considerado como el artífice del milagro económico boliviano. Se trató de dar un guiño hacia las clases medias, prefiriendo a Arce por sobre otros candidatos más radicalizados del MAS, como el joven dirigente cocalero Andrónico Rodríguez. Todo esto se vio truncado con la llegada de la pandemia, que paralizó por completo las actividades proselitistas en el país.

Evo, principal figura política de la historia reciente boliviana, todavía se encuentra en el exilio en Argentina y en una posición incómoda. La fuerza de su movimiento político consistía especialmente en las movilizaciones y en la inserción que aún mantiene en los sectores populares de la sociedad. No obstante, debido al confinamiento, ha pasado a ser prácticamente un dirigente más, con poco margen de maniobra. Inclusive sus declaraciones a través de sus redes sociales ya no provocan los mismos titulares que lograban en las primeras semanas o meses de su exilio.

Algunos ex ministros del MAS han convocado a sucesivos cacerolazos para pedir elecciones. Si bien no tuvieron la masividad deseada, tampoco fueron un fracaso. Los últimos tres domingos se produjeron protestas de distinta índole, en diversas ciudades del país. Además de escaramuzas políticas en el Parlamento del país, debido al ascenso de militares: el jefe de las Fuerzas Armadas bolivianas, Sergio Orellana, ingresó al senado para avisar de que si éste no se pronuncia sobre unos ascensos, los militares avanzarán por su cuenta. Orellana cuenta con el apoyo de Añez, pero con el rechazo del MAS.

Aunque se llegaron a repartir tapabocas con las caras de los candidatos, esto duró poco debido a las críticas que acusaban a los partidos políticos de oportunistas. Mientras que el pueblo boliviano se encuentra, al igual que el resto del planeta, preocupado por una pandemia mundial y un futuro extremadamente incierto, las cuestiones electorales, por ahora, han pasado a ocupar un lugar muy marginal de la agenda pública del país. Añez ahora se enfrenta a un doble juego tan complicado como peligroso.

Deberá encargarse de llevar las riendas en un escenario tan complejo como este, de la misma manera que no puede dejar de tejer alianzas y continuar cimentando su figura política. Si logra solucionar la crisis sanitaria y salir de la pandemia con la menor cantidad de contagios y víctimas fatales posible, quizás su imagen, que ya se encuentra por los suelos, logre repuntar entre los bolivianos. En caso contrario, probablemente termine incluso desistiendo de sus pretensiones electorales.

 
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