Lucha entre gigantes

Por Gonzalo Fiore

En medio de la crisis provocada por la pandemia y del rebrote que obligó a cerrar, nuevamente, barrios enteros en la ciudad de Beijing, se produjeron los primeros enfrentamientos armados, con muertes, entre miembros de los ejércitos de la República Popular China y de la República de la India, en 45 años. 

El gobierno encabezado chino por Xi Jinping acusó a la India de "violar los consensos, cruzar la frontera dos veces y provocar a los soldados"; el enfrentamiento terminó con tres soldados indios muertos. Los hechos sucedidos en la frontera en la región de Aksai Chin fueron los primeros de este tipo desde 1975; las tensiones territoriales ya venían escalando en los últimos meses, pero esto es un paso más allá, que podría tener graves consecuencias en el futuro cercano. Aunque el ministro de Relaciones Exteriores chino, Zhao Lijian, afirmó que “no está al tanto” de las muertes, presentó una queja formal a la India por su “actividad ilegal”: Zhao pidió al país vecino que sus tropas se “abstengan de cruzar la frontera” o de “tomar cualquier acción que pueda complicar la situación fronteriza”.

La India y China, los dos países con mayor población del mundo, comparten más de 4.000 kilómetros de límites; en 1962 se desató una guerra por la frontera, a partir de incidentes luego de la rebelión tibetana de 1959, cuando India le otorgó asilo al Dalái Lama, al mismo tiempo que comenzó un refuerzo de su posición en los límites internacionales con el gigane vecino. En el momento más álgido de la guerra, el entonces presidente indio, Pandit Jawaharal Nehru, llegó a evacuar ciudades enteras y pedir ayuda militar a los Estados Unidos. Fue entonces cuando el gobierno de Mao Tse Tung decidió retirar a sus tropas, y darse por satisfecho con unos avances territoriales pequeños. La guerra finalmente solo duró unos meses, y ninguno de los países desplegó su Fuerza Aérea ni su Armada, sin embargo, la disputa territorial sigue sin resolverse hasta día de hoy. La construcción de carreteras a ambos lados de la línea actual de control sigue resultando en tensiones entre las partes involucradas. 

Ya el 10 de mayo pasado se habían producido las primeras escaramuzas entre miembros de ambos ejércitos, aunque en aquella ocasión no había terminado con víctimas fatales. En 2017 comenzó una escalada en la relación entre China e India, cuando Beijing acusó a su vecino de entrar de manera ilegal en su territorio para evitar la finalización de las obras en una carretera en la zona fronteriza de Donglang. La zona es motivo de conflicto territorial entre China y Butan, aliado histórico de la India. Las muertes se producen justo cuando Beijing y New Delhi habían comenzado a acordar una desescalada en las tensiones. 

El 27 de mayo, Donald Trump incluso se había ofrecido como mediador para resolver las disputas entre los dos gigantes. No obstante, ni Modi ni Xi parecen estar dispuestos a que un tercero intervenga de ninguna manera en algo que consideran solo les compete a sus países. 

El panorama político puertas adentro en ambos países es bastante particular. El presidente indio, Narendra Modi, es un integrista hindú, acusado de discriminar al resto de las etnias que conviven en el país, al mismo tiempo que exacerba el nacionalismo indio hasta la exageración. A su vez, Xi Jinping es el presidente chino con más poder desde Deng Xiaoping o inclusive desde Mao, que ha dejado en claro la intención de consolidar a su país como un actor de peso en la escena internacional. 

Si bien la política china hacía afuera no tiene que ver con lo militar, durante 2019 demostró en distintos desfiles su poderío armamentístico, que incluye misiles de última tecnología y armas nucleares; India también es uno de los contados países del mundo que posee armas de este tipo. Dentro de algunas semanas deberá producirse la reunión trilateral anual entre Modi, Xi, y Vladimir Putin. Todo indica que el conflicto será unos de los principales temas a tratar en la cumbre de los tres mandatarios.  

China e India concentran más de 2.800 millones de personas entre ambos, es decir, casi un 40% del total de la población mundial. Lo más probable es que todo vuelva a su cauce pronto y el conflicto nuevamente se resuelva por vía pacífica o, al menos, se deje en stand by. Sin embargo, que por primera vez en 45 años sucedieran enfrentamientos con víctimas mortales en la frontera enciende alarmas tanto en la región como en la comunidad internacional. 

Un conflicto entre ambas potencias tendría consecuencias inmensas para el tablero geopolítico mundial. Modi y Xi son los lideres más importantes de sus respectivos países desde los tiempos de Nehru y Mao: será responsabilidad de ellos evitar que la escalada llegue a niveles más altos. Nadie duda de que un enfrentamiento abierto entre los dos gigantes asiáticos terminaría con una catástrofe de proporciones inimaginables y con la destrucción mutua asegurada de ambas potencias. Pero también podría acarrear un desastre mundial sin límites claros. 

 
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