Nueva Zelanda, la mandataria más querida del mundo

Por Gonzalo Fiore

Jacinda Ardern parece ser la líder internacional más querida por los usuarios de redes sociales y los medios (progresistas) de todo el mundo. La Primera Ministra de Nueva Zelanda se ha convertido, en tan solo dos años de gobierno, en una mandataria de alcance internacional al nivel de alguno de sus homólogos, como el canadiense Justin Trudeau. Ardern es una joven (39 años) que se convirtió en la máxima líder de su país apenas dos meses después de haber sido ungida como la jefa del Partido Laborista, entonces en la oposición. La neozelandesa se define como una política socialdemócrata de centro izquierda, progresista en lo social, proteccionista en lo económico, republicana en lo institucional, y feminista.

En sus dos años de mandato, Ardern ha tenido que enfrentarse a dos grandes acontecimientos que marcaron a fuego a su país y al mundo. Los atentados de Christchurch, el 15 de marzo de 2019, y la pandemia del Covid-19. 

Los ataques terroristas contra las mezquitas de Al Noor y Linwood, en la ciudad de Christchurch, dejaron 51 muertos y 49 heridos; perpetrados por un neozelandés militante de la extrema derecha. Ardern respondió de inmediato, solidarizándose con las victimas y visitando a integrantes de la comunidad islámica en el Centro Comunitario de Phillipstown, el día posterior a los atentados. Allí cubrió su cabello con un hijab, y rechazó de plano cualquier tipo de discurso que tenga que ver con el odio o la discriminación. En medio de una ola de gobiernos con un discurso fuertemente anti islámico, ya sea abiertamente o de manera implícita, la respuesta de Ardern fue una lección para muchos dirigentes que se ubican en el espectro del centro o el progresismo, pero no son capaces de entender la problemática de una comunidad creciente en sus respectivos países. Además, impulsó una nueva legislación sobre la tenencia de armas, que prohibía la tenencia de rifles de asalto o armas automáticas, aprobando la ley menos de un mes. Ardern aclaró que nunca se referiría al atacante por su nombre, para no darle una notoriedad particular, sino más bien referirse al contexto que permitía que surgieran tales individuos y así evitar que este tipo de hechos vuelvan a suceder en el futuro.  

A su vez, la respuesta del gobierno neozelandes frente a la crisis desatada por el coronavirus ha sido ejemplar: tras 75 días de pelea, el país virtualmente eliminó los contagios colectivos, reduciéndolos al mínimo (menos de diez en los últimos días), por lo que Ardern afirmó que ya “no hay transmisión comunitaria generalizada y no detectada” en el país. Si bien luego se produjeron algunos nuevos casos, su gobierno parece haber manejado la pandemia como pocos en el mundo, dictando una cuarentena obligatoria y un cierre de fronteras tempranos, mientras se pusieron en funcionamiento equipos de rastreadores eficaces de casos. 

Nueva Zelanda logró ingresar a la “nueva normalidad” tras dos meses y medio de que el virus llegara al país. La cifra de muertes y contagios es también una de las más bajas del mundo: 22 víctimas fatales y 1161 personas infectadas. La misma Ardern se confinó en su vivienda personal, comunicándose con sus funcionarios y con sus seguidores a través de las redes sociales. Su uso intensivo de Facebook Live se convirtió en uno de sus mayores activos a la hora de incrementar su popularidad. A partir de sus transmisiones en la red social interactuaba con sus seguidores y daba consejos de higiene para mantener a raya el avance del virus. Estos videos los hacía después de haber acostado a su hija de dos años, vestida con ropa informal y con un estilo llano que conecta con sus ciudadanos. 

Su discurso sencillo y sin grandes estridencias, pero con un gran carisma, ha logrado hacer del liderazgo de Ardern uno de los más queridos en el país en los últimos tiempos. Mientras el año pasaba registraba el 40% de nivel de aprobación, ahora éste se sitúa por sobre el 50%. Según el diario británico The Guardian, Ardern es la líder neozelandesa más popular de los últimos 100 años gracias a su manejo de la pandemia. 

Una de las principales promesas electorales de Jacinda  Ardern fue resolver la crisis habitacional del país. Las propiedades han aumentado 75% en los últimos cuatro años debido a las inversiones de inmobiliarias extranjeras, especialmente chinas. Según un informe de The Economist, publicado en 2018, los costos habitacionales de Nueva Zelanda son los más inasequibles del mundo.  El aumento de los costos de vivienda ha llevado a que, en los últimos cinco años, unas 50.000 personas se quedaran sin techo. Por ello, una de las primeras medidas del gobierno laborista, en 2017, prohibió la compra a extranjeros que no lleven más de un año viviendo en el país. A pesar de ello, la crisis aún no se solucionó debido a que las inmobiliarias extranjeras representaban apenas el 3,8% de las compras. 

En septiembre habrá nuevas elecciones en Nueva Zelanda, donde la líder laborista podrá consolidar su liderazgo. El tiempo dirá si logra afirmarse en las letras grandes de la historia de su país, y si se sigue proyectando como una mandataria de peso en el crecientemente complejo panorama global.

 
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