La larga sombra de Trump sobre la Justicia americana

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

En plena campaña electoral en los Estados Unidos falleció, a los 87 años, el viernes pasado la jueza de la Corte Suprema de Justicia Ruth Bader Ginsburg. Integrante del máximo tribunal del país desde 1993, cuando fue nominada por el demócrata Bill Clinton, la magistrada era un ícono de los sectores liberales, feministas y progresistas. Donald Trump utilizó rápidamente sus redes sociales para expresar sus condolencias a los familiares de la jueza y celebrar su “vida increíble”. Al mismo tiempo pidió que se designe a un nuevo integrante “sin demora”, asegurando que uno de los motivos “más importantes” por los que fue elegido es nombrar a los integrantes de la Corte Suprema. El Presidente afirmó que se tratará de una mujer, y que una lista de cinco posibles candidatas será anunciada el próximo sábado. El alto tribunal estaba conformado, antes del viernes, por 5 jueces conservadores y 4 liberales. Por lo que, si los republicanos logran imponer sus intereses, en el futuro contarán con una mayoría conservadora absoluta de 7 a 3.  

El sistema judicial federal estadounidense, heredado de la tradición de la “common law” inglesa, se basa especialmente en fallos judiciales dictados por la Corte Suprema. Ahí radica una parte fundamental del poder y la importancia del organismo judicial. Por ello, los sectores políticos se disputan su control periódicamente para lograr imponer sus respectivas agendas. La Corte estadounidense se integra de un presidente o “Chief Justice”, y ocho jueces asociados, o “Associate Justices”. Todos los miembros nombrados sirven de manera vitalicia, por ello es tan importante para los gobiernos la posibilidad de designar jueces. De esta forma, los partidos pueden asegurarse detentar mayorías conservadoras o liberales por años, o, incluso, por décadas.

El deceso de Ginsburg podría permitirle a la Administración Trump imponer a su nominado antes de las elecciones de noviembre. Los demócratas intentarán por todos los medios posibles que esto no suceda ya que, de ser así, la Corte pasaría a ser la más conservadora en medio siglo.

Una de las principales banderas de Ginsburg era la defensa de los derechos de las mujeres. Un viejo anhelo de los conservadores es revertir uno de los “leading cases” más importantes de la justicia estadounidense en ese sentido: “Roe vs. Wade”. Dictado en 1973, despenalizó el aborto en los EEUU por 7 votos contra 2. El temor de los liberales es que una vez Trump logre designar a un nuevo miembro, este tipo de fallos progresistas puedan ser revertidos con facilidad en los próximos años. A su vez, están en discusión cuestiones migratorias como el futuro del programa DACA, del cuál dependen más de 800.000 jóvenes inmigrantes para evitar la deportación. La Corte también es quien adjudica una victoria electoral en caso de empate. Por lo que los partidarios de Joe Biden se muestran preocupados que esto pueda inclinar la balanza en favor de Trump si finalmente se produce el probable escenario de una elección ajustada en noviembre. Para Trump, una victoria demócrata pondría en peligro la Segunda Enmienda, que permite la tenencia de armas sin restricciones.

De acuerdo a Biden, debería esperarse hasta las elecciones de noviembre para aprobar el pliego del nuevo miembro del tribunal. El candidato presidencial opositor aseguró que su partido intentará impedir cualquier intento de nombrar un juez antes de los comicios. Sin embargo, es el Senado quien finalmente decidirá si aprobarlo o no. Los republicanos actualmente cuentan con 53 de los 100 integrantes de la Cámara Alta. Por lo que, a menos que los demócratas logren revertir alguno de los votos de los senadores oficialistas, no cuentan con ninguna posibilidad de bloquear un nombramiento de Trump. Aun así, existen algunos senadores republicanos moderados que podrían dudar al momento de votar. Se trata de los representantes de los estados de Arizona y Alaska, quienes sostienen posturas marcadamente más centristas que las Trump, o del jefe de bancada, Mitch McConell. Si se llegará a producir un empate 50-50, sería el vicepresidente Mike Pence quien definiría la votación.

El Presidente ya nombró a dos jueces del máximo tribunal durante su mandato. Amy Coney Barrett, Barbara Lagoa y Allison Jones Rushing son tres jóvenes abogadas que se encuentran entre las candidatas más fuertes para ocupar el lugar de Ginsburg. Todas profundamente conservadoras y militantes anti abortistas, debido a su juventud, cualquiera de las tres podría servir durante varias décadas en su cargo. Lagoa, al igual que los dirigentes republicanos Marco Rubio y Ted Cruz, o el nuevo presidente del BID, Mauricio Claver-Carone, es hija de cubanos exiliados. Todos los indicadores apuntan a que el país se encuentra en un momento bisagra en su Poder Judicial. La conformación de una Corte Suprema de Justicia con mayoría conservadora significaría un escenario adverso para los sectores progresistas de los EEUU.

Donald Trump, gane o pierda en noviembre próximo, dejará un país muy diferente al que encontró. Su sombra se alargará por un largo tiempo sobre los próximos inquilinos de la Casa Blanca. También sobre el Palacio de Justicia de Washington.

 
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