Castillo: ¿un parteaguas en la historia de la región?

Por Gonzalo Fiore

Hubo varias semanas de incertidumbre, pero, finalmente, Pedro Castillo asumió como presidente de Perú el 28 de julio.

Quien fuera su rival en el ballottage del pasado 7 de junio, Keiko Fujimori, todavía argumenta que hubieron “irregularidades” en los comicios. De todas maneras, hace dos semanas admitió su derrota frente a Castillo. La hija del ex dictador se encuentra con tobillera electrónica y tiene serias posibilidades de volver a prisión en el corto plazo.

Pedro Castillo asumió como mandatario de Perú para el período 2021-2026. Por supuesto, dadas las circunstancias, poco y nada asegura que el Presidente logre completar el mandato. Algo que sería “normal” en cualquier país del mundo, no lo es en Perú: en el último mandato presidencial de cuatro años pasaron cuatro presidentes por la Casa de Pizarro. El escenario se le presenta complejo, especialmente para un hombre que ha prometido no ser “un presidente más”, sino convertirse en un “parteaguas en la historia” de su país.

Un hecho de la realidad es que Perú Libre, el partido del Presidente, cuenta con apenas 37 diputados, de los 130 que conforman el Congreso. Una buena noticia para el flamante oficialismo es que Fuerza Popular, el partido de Fujimori, no tiene tantos diputados como cuando lograba desestabilizar a los anteriores gobiernos (apenas 24). En un país donde el órgano legislativo reviste tanta importancia, esto necesariamente lo obligará moderarse y negociar con el resto de las fuerzas políticas para alcanzar la gobernabilidad necesaria. Por ello, quizás, hasta ahora ha mantenido solo para su fuero íntimo su plan de gobierno.

Su partido defiende propuestas consideradas como de “extrema izquierda”, y el mismo Presidente se ha expresado en ese sentido durante la campaña, especialmente de la primera vuelta. No está claro si lo que busca Castillo es no asustar a los mercados de manera anticipada; si decidió cambiar su plan; o, simplemente, entiende que primero necesitará disminuir la radicalidad de sus propuestas para alcanzar capacidad de gobernar y sostenerse en el cargo.

Castillo ha dejado claro que no quiere ser Ollanta Humala, el ex mandatario que llegó al gobierno en 2011, siendo un candidato de izquierda, apoyado por Hugo Chávez, y también derrotando a Keiko Fujimori. Pero al momento de asumir, mantuvo el modelo económico neoliberal que rige en Perú desde 1990. Probablemente nunca hubo un mejor momento para transformar de raíz la economía peruana: el PBI del país experimentó en 2020 la peor caída de todo Sudamérica, un 11%, solo detrás de Venezuela. Si bien se espera que durante 2021 crezca un 8,5%, todavía seguirá en baja respecto del año anterior a la pandemia. Por otro lado, la deuda externa de Perú pasó de representar el 20% del PBI en 2013, al 35% en la actualidad. Se trata del segundo país de América Latina más endeudado con el Fondo Monetario Internacional, solo superado por Argentina.

En ese contexto, el país presenta también el peor índice de mortalidad de la región, y uno de los mayores del mundo en la pandemia de covid-19.

El Presidente, además, no cuenta prácticamente con diputados que le respondan directamente a él. El líder de Perú Libre es Vladimir Cerrón, ex gobernador del estado de Junín. Cerrón no pudo presentarse a las elecciones presidenciales debido a que está condenado por corrupción. Por ello, junto a su hermano Waldemar (quien asumirá como diputado) impulsaron la candidatura de Castillo. Los hermanos Cerrón han dicho que tienen como objetivo la conformación de una Asamblea Constituyente, dotar al país de una nueva Carta Magna, regida por los principios del marxismo-leninismo y del pensamiento del intelectual de izquierda peruano del siglo XX, José Carlos Mariátegui. Castillo ha matizado, en los últimos días, esta posibilidad, pero había sido uno de sus planteos en la campaña presidencial de primera vuelta.

Por lo tanto, el Presidente deberá maniobrar no solo con la oposición, sino también con los propios. Lo cierto es que Castillo logró ganar el ballottage más por su imagen de hombre honesto y trabajador, que por el programa ideológico de izquierda de los Cerrón.

El cambio de gobierno en Perú es mucho más que la entrega del poder de un partido político a otro: se trata del cambio político más radical producido en América Latina desde la llegada al gobierno de Bolivia de Evo Morales, en 2006. El arribo de Castillo al poder pueden ser buenas noticias tanto para Argentina como para México y para Bolivia, e, incluso para Cuba y Venezuela.

De orígenes muy humildes, Castillo se trasladará junto a su familia de su casa hecha de adobe a una de las construcciones más lujosas e históricas del país. El transcurso de su mandato dirá si se trata solo de un símbolo, o de la expresión de que los sectores más postergados y marginados del país ascienden, como sucedió en la Bolivia de Evo Morales. El profesor y dirigente sindical, sin experiencia política previa, se enfrentará al desafío de su vida. A priori, su primer éxito no sería transformar de manera radical la estructura política, social y económica de Perú, sino, simplemente, culminar su mandato.

 
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