Venezolanos en la costa

Pobrecito ciudadano

Lo de los venezolanos es un tema serio, a mí nadie me da bola, piensan que hablo por hablar, pero es así. Se lo intento decir a la gente que viene a la quiniela, a cada uno que viene a jugar el numerito con el que soñó o a comprar su raspadita, esos que nunca faltan, porque si hay algo que necesita la gente es esperanza. Vienen todos los días y ven qué tal andan de suerte, por eso a mí el trabajo no me falta. Entonces yo aprovecho, lo intento hablar pero la mayoría se niega. Por ahí alguno me escucha, pero son los menos. No sé si consigo algo, yo hablo igual. Porque si avivo de lo que está pasando a alguno, aunque sea uno, capaz que ese después va y aviva a otro, y así entre todos estamos preparados. Porque esto, digámoslo como lo que es, es una invasión de venezolanos en nuestro territorio.

Claro, qué pasa: la situación está insostenible allá y se vienen a buscar laburo acá. El tema es que acá tampoco hay, le erran estos tipos al venir a la Argentina. Pero ¿cómo se lo hacés entender? Acá en Córdoba, nomás, ya hay 20.000 venezolanos. Otros 100.000 en Buenos Aires, según lo que escuché en la radio. Vienen a las ciudades más importantes, obvio, porque hay más oportunidades. Vienen a Buenos Aires, acá a Córdoba, Mendoza, Trenque Lauquen, Chapadmalal, ciudades así. Y acá nosotros resistimos. Pero los que peor la están pasando con todo este tema de los venezolanos son los vecinos que tienen ahí nomás, los colombianos. Porque no es que están tirando manteca el techo en Colombia, para nada, son un país pobre, no como nosotros. Pensemos en el partido del martes nomás, les renunció Pekerman y tuvieron que poner a un cualquiera, que nadie sabe ni de dónde salió, porque no tienen un peso para contratar uno nuevo. A mí nadie me da bola, pero lo de los venezolanos es cosa seria. La está pasando mal la gente allá, no pueden a sacar a Maduro de ninguna forma. Es como un cáncer ya. No sé cómo van a hacer, realmente, votando no lo sacan más, si la mayoría lo quiere.

La democracia no funciona allá, es una dictadura eso. Ojalá que puedan hacer algo, sacarlo de alguna manera, haciendo algo, qué sé yo, porque tarde o temprano lo van a tener que sacar. El otro día vino uno acá, un venezolano bien, un hombre bien, con estudios y todo. Lo odiaba a Maduro, así como en su momento lo odió a Chávez. Él me contó, información de primera mano: colas de cuadras y cuadras para comprar un paquete de yerba, o lo que sea que tomen allá; colas para cargar nafta, que es carísima. Me decía, y esto es increíble, que hasta tienen que hacer cola para comprar preservativos, y encima salen una fortuna. Entonces no se cuidan, algunos ni siquiera esperan para llegar a la casa y ahí nomás, en la fila, empiezan a copular. ¿Y qué pasa? Todas preñadas quedan. Es increíble, me decía este señor, cómo aumentó la cantidad de bebés que nacen por año. Es lógico, ¡si la gente no está pudiendo cuidarse! Bebés que no tienen qué comer. Antes pensaba que exageraban, pero ahora entiendo a los que tenían miedo de que nos convirtiéramos en la próxima Venezuela. Pero no, eso sí que no. Antes prefiero limpiar baños en Estados Unidos o cuidar autos en España. Pero acá Venezuela no. Es una locura cómo la está pasando esa gente, una locura, no hay otra forma de decirlo. Por eso se vienen desesperados para acá. Más de 20.000 en lo que va del año. Y lo peor es que ellos allá tienen sarampión, no resolvieron eso, si el sistema de salud prácticamente no existe.

Entonces, cuando vienen traen el virus y acá se contagia todo el mundo. Pensemos en los chicos, no podemos exponerlos así. ¿Pero qué pasa? En Argentina, con el documento en la mano entra cualquiera. Y así estamos, con todos los nenes brotados, rascándose el cuerpo, culpa de una enfermedad que acá hace del siglo pasado que ni tenemos noticia. A mí no me dan bola, pero yo sé de qué hablo, me informo. Con que me escuche uno de los que vienen a comprar su boletito de la suerte, yo ya cambio el mundo.

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