Un político de raza

La ciudad / Hora cero, por J. Emilio Graglia (especial para HDC)

Inesperadamente, la noticia explotó como una bomba, en la Provincia de Córdoba y en toda la Argentina: José Manuel de la Sota había muerto en un accidente automovilístico, en la ruta que a las dos capitales cordobesas, Córdoba y Río Cuarto. Paradójicamente, la misma ruta que fue una de sus obras públicas más deseadas. Entre el asombro y la tristeza, frente a la dificultad de procesar semejante acontecimiento, las redes sociales se llenaron de mensajes, fotos y vídeos. Miles cordobeses quisieron, de esa manera, compartir sus recuerdos personajes con el extinto líder. Como tratando de eternizar en algunas palabras o en una imagen, años de historias compartidas.

Los medios masivos de comunicación se hicieron eco de la infausta noticia, al instante. Los canales de televisión y las radios pasaron de la primicia confirmada a los primeros comentarios sobre la extensa e intensa trayectoria del dirigente fallecido. La dirigencia política del país se ha unido en una unánime muestra de congoja. Dentro y fuera del peronismo, los dirigentes más importantes han hecho saber su pesar por el fallecimiento de un político de raza. Porque eso fue de la Sota para la política cordobesa y argentina: un dirigente político cabal.

Desde la recuperación de la democracia representativa, aquel 10 de diciembre de 1983, hasta el mismísimo día de su deceso, fue protagonista del quehacer político. Con luces y sombras, como cualquier ser humano que dedica su vida a la política. Con aciertos y desaciertos, como cualquier gobernante en la función pública. Para sus seguidores y colaboradores, el hombre pasará a ser una leyenda. Por siempre recordarán sus campañas y triunfos electorales, sus gestiones gubernamentales y los logros que supo conseguir. Para ellos, el duelo será interminable. Un sinfín de recuerdos alimentará esa leyenda, desde ahora y para siempre.

Para sus opositores y detractores, este debe ser un momento de silencio y reflexión. Una oportunidad para mostrar la grandeza propia ante el dolor ajeno. Las diferencias que tuvieron con él deben quedar sepultadas. No se trata de olvidarlas pero sí de resignificarlas, a partir de un hecho irreparable como la muerte física de una persona.
Para los cordobeses de a pie, esos que sufren la crisis, la inflación y la recesión, se impone un respeto cívico a quien fuera tres veces su gobernador. Los que lo votaron siempre o alguna vez y, también, los que nunca lo votaron, todos le deben ese respeto.

La renovación permanente

Durante estos días, mucho se hablará y escribirá sobre sus antecedentes políticos, electorales y gubernamentales. Sobre su carrera y, también, sobre la proyección de su legado para los años por venir. Córdoba ha tenido cuatro gobernadores desde el 10 de diciembre de 1983. Eduardo César Angeloz, Ramón Bautista Mestre, José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti. Los dos primeros ya eran parte de la historia política cordobesa. Ayer pasó a integrarla el gobernante que más años estuvo a cargo del Poder Ejecutivo Provincial.

De la Sota ha sido el político cordobés más importante del siglo 21. En el año 1998, le dio al peronismo un triunfo que pocos esperaban y lo puso al frente de la gobernación. Atravesó la crisis del 2001 y pudo ser reelegido para el período 2003-2007. De esa manera, consolidó un proyecto político que sigue en la actualidad. Al finalizar su segundo mandato consecutivo, le entregó el mando a su amigo personal y socio político, Juan Schiaretti. En 2011, volvió a postularse como candidato a gobernador y volvió a ganar las elecciones. Con nuevas estrategias, otras propuestas y mucha inventiva, demostró una inagotable capacidad de autorenovación.

Aquel año, 2011, logró algo que solamente Angeloz había logrado: ser elegido tres veces gobernador de Córdoba. Pero, a diferencia del mandatario radical, De la Sota terminó su tercer período y no optó por una segunda reelección inmediata. Al finalizar ese período, otra vez, entregó la posta a Juan Schiaretti. 

La muerte lo sorprendió en plena actividad política. Nunca había abandonado su sueño de ser Presidente de los argentinos. Ya lo había intentado el año 2015, sin éxito. Pero estaba decidido a intentarlo nuevamente. Algunos creían que podía ser una prenda de unidad del peronismo nacional, como alternativa a la reelección del actual Presidente, Mauricio Macri.

No estaba retirado ni mucho menos. Estaba en plena pelea. Fiel a su estilo. Como siempre, ganando y perdiendo. Pero intentando una y otra vez, con renovados bríos. Los últimos años mostraron, tal vez, su mejor versión. Un político con vocación de diálogo, mucha experiencia y apertura a lo nuevo. La Argentina lo necesitaba.

José Manuel de la Sota ha muerto, trágicamente. La conmoción domina por estas horas. Su nombre seguirá vivo entre miles y miles de cordobeses y argentinos que lo apoyaron. La muerte no lo hace un héroe perfecto pero permite dimensionar sus muchos aportes. La historia de Córdoba le tiene guardado un lugar de privilegio.

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