Boletazo, el otro fracaso

 La ciudad / Hora cero, por J. Emilio Graglia

 

Las grandes ciudades del mundo, esas a las que llamamos “metrópolis”, tienen problemas semejantes. Entre ellos, hay dos que se repiten, siempre e independientemente de los países. Todas las ciudades metropolitanas deben prestar los servicios de higiene, barrido y limpieza, y de transporte urbano de pasajeros.

La ciudad capital de la provincia de Córdoba no es la excepción a la regla. Desde hace muchos años, tal vez décadas, la capital cordobesa se enfrenta al desafío de prestar ambos servicios municipales, eficiente y eficazmente. El fracaso de las sucesivas gestiones al frente del Palacio 6 de Julio, ha sido una constante.

Después de las intendencias radicales de Ramón Bautista Mestre (1983-1991) y de Rubén Américo Martí (1991-1999), las prestaciones de estos servicios desmejoraron notoriamente. Lejos estamos de afirmar que, por aquellos años, la higiene y el transporte en Córdoba eran excelentes ni mucho menos.

Sin embargo, la experiencia comparada demuestra que las gestiones subsiguientes no quisieron, no pudieron o no supieron mejorar dichas prestaciones. Entre 1999 y 2011, pasaron tres intendentes: Germán Kammerath, Luis Juez y Daniel Giacomino. Por diversos motivos y con distintos efectos, todos fracasaron.

En el año 2011, Ramón Javier Mestre se postuló, por segunda vez consecutiva, como candidato a intendente. Entre sus principales promesas, estaban, por supuesto, las soluciones a estos dos grandes problemas irresueltos: la higiene y el transporte. No fueron las únicas promesas, pero sí las más importantes.

El candidato radical fue elegido y, cuatro años después, reelegido. Luego de 12 años de fracasos, muchas fueron las expectativas de los cordobeses en relación con el nuevo jefe municipal, de los que lo votaron y de los que no lo hicieron. Sin dudas, el recuerdo de las pasadas gestiones radicales tuvo algo que ver al respecto.

De acuerdo con su enfoque político e ideológico, la solución de las soluciones para ambos problemas era la misma: privatizar los servicios. Un enfoque que explica y justifica su pertenencia a Cambiemos. Privatizar, eso fue lo que intentó el intendente desde los inicios de su gestión y lo consiguió.

Se pueden criticar las maneras o los modos, pero no se puede negar que Ramón Javier Mestre logró lo que se propuso. La higiene y el transporte están a cargo de empresas privadas. Luego, lo que no logró fue mejorar los servicios. Las dos cosas son ciertas: privatizó y fracasó. Lamentablemente para los cordobeses.  

Basurales y boletazos

Para demostrar el fracaso de la gestión municipal en relación con el servicio de higiene urbana, hace falta, nada más, ver y oler la ciudad. Los basurales a cielo abierto son parte del paisaje urbano. Igual que las bolsas de residuos amontonadas en las puertas de los vecinos que esperan a los muchachos del Surrbac como si fueran los enviados de Papa Noel.

Respecto al transporte, el fracaso de la actual gestión municipal puede deducirse del precio del boleto y de la calidad del servicio. A la hora de evaluar cualquier servicio público, estas dos dimensiones deben considerarse juntas. Precio y calidad, es decir, cuánto paga el usuario y qué servicio recibe a cambio.

Pues bien, el viernes de la semana pasada, el Concejo Deliberante, con los votos de la alianza Cambiemos, aprobó un aumento en el precio del boleto del 37,6 por ciento. De esa manera, los usuarios dejarán de pagar 17,22 pesos y empezarán a pagar 23,70 pesos por viaje. Cada día, todos los días, ida y vuelta.   

Vale destacar que, de noviembre de 2017 a noviembre de 2018, el aumento del boleto ha sido del 54 por ciento, es decir, unos 10 puntos por encima de la inflación. Más allá de las explicaciones y los lamentos de los funcionarios municipales y de los concejales oficialistas, se trata, pues, de un incremento desmedido.

Los oficialistas repiten: “todo aumenta”. Aunque no son muy creativos, tienen razón. Pero el boleto aumenta más que el resto y esto es innegable. No hay “fórmula polinómica” que logre torcer lo que sentido común indica con la fuerza de lo obvio. El precio escapa de las posibilidades de pago de cualquier usuario.

Este último aumento ha convertido al boleto de la capital cordobesa en el más alto del país. Pasamos del sexto al primer lugar, dejando atrás a Neuquén, Bariloche, Río Gallegos, Bahía Blanca y Rosario. En la Argentina, no hay boleto más caro que el de Córdoba capital.

La otra variable es la calidad del servicio. A juzgar por las encuestas de satisfacción, la gran mayoría de los usuarios opina que el servicio es regular, malo o muy malo. Menos de un cuarto de los usuarios opina que es bueno o muy bueno. Más de dos tercios consideran que desmejoró en el último año.

Si el boleto es caro y el servicio es malo, los usuarios no lo usan. Algunos no pueden pagarlo y optan por caminar, una bici o una moto. Otros podrían pagarlo pero, como no funciona bien, prefieren sufrir el caos del tránsito y vuelven a su automóvil. Unos y otros abandonan el servicio. Esa es la muestra del fracaso.

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