De Macron a Merkel, el traspaso de un poder en retirada

A 100 Años De La Gran Guerra, por Gonzalo Fiore

Con motivo del aniversario número 100 del armisticio que puso fin a la primera Guerra Mundial, el 11 de noviembre se congregaron en París más de 70 mandatarios de todo el mundo; entre ellos, los de los países que formaron los bandos enfrentados en el conflicto: la Triple Entente y la Triple Alianza. El encuentro fue, además, una excusa para debatir cuestiones centrales para el presente y futuro tanto de Europa como del mundo, y probablemente será recordado por los historiadores como uno de los momentos cruciales de la política moderna, donde la histórica canciller alemana, Ángela Merkel -que lideró Europa en los hechos durante más de una década- efectuó un traspaso de poder simbólico a Emmanuel Macron, el presidente francés de apenas 40 años, que se ha erigido a sí mismo, en numerosas ocasiones, como enemigo de lo que llama “la lepra nacionalista” de Marine Le Pen o Mateo Salvini. O Donald Trump, presente también en el aniversario.

Macron alertó en su discurso del domingo frente a los mandatarios mundiales (también estaban Putin, Antonio Guterrez de la ONU, Christine Lagarde del FMI, y Antonio Tajani del Parlamento Europeo, pero con las ausencias notorias de Viktor Orban de Hungría, y Teresa May del Reino Unido) acerca de los “demonios del pasado que resurgen”, contraponiendo el patriotismo con el nacionalismo: “El nacionalismo es una traición al patriotismo, diciendo primero nuestros intereses, a quién le importan los demás, borramos lo que una nación aprecia más, lo que le da vida, lo que le da gracia. Y lo que es esencial: sus valores morales”. Este discurso fue en consonancia con lo que viene diciendo en los últimos días, durante su gira por los territorios franceses que se vieron envueltos en el conflicto ahora centenario. Macron insiste en que vivimos una situación política similar a la de entreguerras, a causa del auge de los nacionalismos. Merkel nunca se movió de la derecha del presidente francés, las dos potencias fueron los principales contendientes en la primera Guerra Mundial; hoy, ambos mandatarios son los más comprometidos con la profundización de la integración europea, un proceso que transita horas alicaídas.

Los gestos y los tuits de Trump, como ya es costumbre, dieron mucho que hablar durante la cumbre. No es de extrañar que, mientras Macron, Putin, Merkel, Trudeau, Pedro Sánchez o Erdogan se encontraban en un foro para hablar sobre multilateralismo, Trump se dirigió solo a una ceremonia en un cementerio ubicado en las afueras de París para honrar a los soldados norteamericanos caídos en la guerra. Su única cita bilateral fue con su homologo francés, a quien había acusado mediante un tuit de “traición”, debido a la posición de París sobre la Otan y la seguridad europea. El norteamericano canceló a último momento su asistencia a un cementerio donde los mandatarios homenajearon a soldados muertos durante el conflicto: la Casa Blanca dijo que su cancelación fue debido “a las dificultades logísticas y de programación causadas por el clima”, lo que provocó innumerables críticas y fue aprovechado por Macron y Trudeau para mostrarse juntos con la canciller alemana. Trump, durante la campaña para las elecciones de medio término en los Estados Unidos, se definió a sí mismo como “un nacionalista”, por lo qué el discurso de Macron fue interpretado como una crítica directa al estadounidense.

A su vez, tanto la alemana como el francés, si bien, tienen mandato hasta 2021 y 2022 respectivamente, enfrentan un panorama complicado puertas dentro de sus propios países. Merkel ya anunció que no buscará su reelección como canciller ni como presidente de la CDU, lo cierto es que en los últimos comicios alemanes salió victoriosa pero no logró alcanzar la mayoría para formar gobierno hasta seis meses después, con el dato de que los ultra derechistas Alternative für Deustchland (AfD) alcanzaron el 13,5%, proyectándose para las elecciones al Parlamento Europeo de 2019 liderando con una cifra que bordea los 20%. La situación de Macron no es mucho mejor: por primera vez el Frente Nacional de Marine Le Pen supera a su partido, En Marcha, en todas las encuestas para las elecciones europeas del año próximo, mientras que tras una serie de reformas neoliberales bajó drásticamente su popularidad (hoy por debajo del 50%, tras poco más de un año de mandato).

El tandem Merkel-Macron (junto a aliados como el canadiense Justin Trudeau) representa hoy una idea tanto de Europa como del mundo diametralmente opuesta a la de dirigentes tan disimiles entre sí como Vladimir Putin, Mateo Salvini o Donald Trump. Un mundo de fronteras abiertas, tolerante, progresista en lo social, neoliberal en lo económico, inclusivo con las minorías pero a la vez amable con los mercados, y, por sobre todas las cosas, integrado en bloques, con países “patriotas, no nacionalistas”, en palabras del francés.

Sin embargo, esa idea del mundo hoy parece estar en retirada, con las deudas de la globalización irresueltas, las riquezas cada día más concentradas en menos manos, las estructuras sociales más fragmentadas, y el fenómeno de la inmigración de los países periféricos a los centrales sin soluciones a la vista. Si Macron, como ya ha expresado, realmente quiere pasar a la historia como el hombre que lideró la batalla contra los extremismos del siglo XXI, deberá, antes que nada, empezar por cambiar el rumbo de su política económica y transformar de manera positiva las estructuras sociales de su país, en lugar de seguir profundizando las desigualdades.

© 1997 - 2019 Todos los derechos reservados. Diseñado y desarrollado por HoyDia.com.ar