Córdoba y Macri, historia de un desamor

Urbanas | Por Miguel Magnasco

La provincia de Córdoba fue decisiva para la victoria electoral de Cambiemos en 2015. La expectativa ante la gestión presidencial de Mauricio Macri era alta; las promesas hablaban de mejores condiciones de vida, de felicidad, de mayores transferencias presupuestas de Nación a las provincias, de acceso a bienes importados, de revoluciones en el transporte, de pobreza cero. Difícil no enamorarse. Para redoblar la confianza Macri, estrenando su mandato, vino a Córdoba como destino de estreno de su investidura, y se comprometió a invertir 27.200 millones en obras.

Todo parecía de ensueño. Pero desde muy temprano comenzó a haber un desfasaje entre lo expresado y lo actuado. La promesa de federalismo se vio vulnerada cuando el presidente (DNU 194/16) aumentó casi al triple la coparticipación de la Nación hacia la Ciudad de Buenos Aires (de 1,40% a 3,75%). Fue una ruptura muy fuerte con la enunciación de distribuir recursos de manera más equitativa entre provincias desiguales. Esa política sería una constante: las únicas que no vieron reducidas sus transferencias por coparticipación en los cuatro años de gobierno macrista fueron CABA y Provincia de Buenos Aires. Córdoba, sólo entre junio de 2018 y junio de 2019, perdió un 10,2% de coparticipación en términos reales según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF). Al mismo tiempo, la Nación adeuda una cifra de más de $ 8.000 millones en concepto de obras viales (Circunvalación, Camino por Altas Cumbres y Variante Costa Azul, entre otras). Por si esto fuera poco, en Argentina existe una histórica correlación entre caída de la actividad económica y baja de las recaudaciones provinciales. El efecto en Córdoba de los tres años de recesión generados por las políticas de Cambiemos ha sido devastador para las finanzas provinciales: llevamos 14 meses consecutivos de caída de la recaudación.

Ese doble juego, que combina decisión política de enviar mayor cantidad de recursos sólo a los distritos donde gobierna el macrismo y efectos negativos de su planteo macroeconómico, también tiene expresiones en otras realidades locales. En el transporte público urbano e interurbano, el recorte del subsidio nacional fue de $ 996 millones; con menos dinero que antes a causa de las caídas en sus recaudaciones, el gobierno provincial y el municipal, debieron hacerse cargo de ese hueco en el financiamiento de un servicio esencial. Como si esto fuera poco, las devaluaciones sistemáticas del peso hicieron que los costos de mantenimiento del servicio se duplicaran o triplicaran (combustible, repuestos, etc.) Los empresarios locales aglutinados en la FETAP -lentos para invertir excedentes pero siempre veloces para exigir aumentos- esta vez tenían razones atendibles: al recorte grueso de subsidios de Nación y los aumentos, se sumó la baja de usuarios de los sistemas por la caída del empleo y el poder adquisitivo de los sectores que habitualmente usan el colectivo. La ecuación no cierra nunca: menos financiamiento, más costos, menos ingresos directos por caída de usuarios, aumento de los boletos, menos uso por ese aumento, menos ingresos, y así sucesivamente en una curva descendente peligrosa que no muestra señales de reversión. Sólo en Córdoba Capital el sistema perdió 5 millones de usuarios anuales entre 2018-19; y los $ 31,90 del boleto local representan el precio más caro del país.

Si hablamos de caída del empleo los números también son preocupantes: la tasa de desempleo en Córdoba pasó del 7,9% en el primer trimestre de 2015 al 11,3% en igual periodo de 2019. En el segundo trimestre de este año esa cifra se elevó a 13,1%: la más alta desde 2004 para nuestra provincia. En sólo un año, 19.000 personas se quedaron sin trabajo en el Gran Córdoba. Una cifra que resulta temeraria por cantidad y velocidad. Ese incremento del desempleo se explica por la caída en la producción de sectores claves, como la industria automotriz (-35% de producción); la metalúrgica (68,7% de las firmas que trabajan para las automotrices vieron caer su actividad, al igual que 53,3% de las que trabajan para autopartistas); de la construcción (en 14 meses, el sector perdió 7.275 puestos de trabajo); y el comercio (lleva 19 meses de caída consecutiva, con cierre definitivo de 379 locales en el último año). Todos estos indicadores negativos tienen una explicación en común: la recesión económica generada por la política económica del gobierno nacional.

Las destrucciones del consumo y de la producción interna no fueron gratuitas, Córdoba las padece fatalmente en diversos planos, tal como vimos en este acotado pero ilustrativo recorrido. La confianza otorgada de buena fe al gobierno de Cambiemos por parte millones de cordobeses y cordobesas, no fue devuelta en una concreción efectiva de aquellas promesas tan importantes realizadas por Mauricio Macri en 2015. Todo lo contrario: la política decidida e implementada cotidianamente por el actual mandatario ha traído todos esos graves problemas que narrábamos en los párrafos anteriores. En cada ámbito de nuestra vida diaria asistimos a una vertiginosa degradación material que sólo encuentra antecedentes en las peores crisis de nuestra historia.

La política comunicacional-electoral enseña que es posible interpelar y proponer relatos verosímiles, pero no siempre omnipotentes, sobre las realidades sentidas y sufridas. Y el psicoanálisis nos recuerda que los sujetos podemos asumir una posición activa ante esas defraudaciones profundas. Quizás tales aprendizajes sirvan para pensar y actuar en el escenario electoral actual, produciendo algunas rupturas que aminoren los dolores y nos conduzcan a horizontes mejores, más esperanzadores.

Por Eugenia Rotondi, Matilde Bustos, Nadir Secco, Miguel Magnasco y Lucas Figueroa Machado, Equipo de Políticas Públicas de la Fundación Córdoba de Todos.

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