No es por $30, es por 30 años

Opinión | Por Matías Chamorro *

Desde el viernes me encuentro en Santiago de Chile. Viajé para participar de un conversatorio sobre el proceso eleccionario argentino y reunirme con distintos líderes socialistas locales, en un evento organizado por el Instituto Igualdad. Cuando llegué no sospeché, como creo que la mayoría de los chilenos a ese momento, que la situación de estallido y conflicto social iba a obligarme a permanecer en este hermano país hasta el martes. Lo que comenzó como una manifestación de jóvenes estudiantes que tomaban pacíficamente las estaciones del metro produciendo evasiones masivas (pasaban sin pagar, cantando y bailando) rehusando el aumento de 30 pesos chilenos del pasaje, desencadenó que la sociedad de manera trasversal se plegara a sus reclamos con “cacerolazos” en todos los barrios de Santiago y construyendo distintas barricadas en las principales vías de comunicación de la ciudad.

La noche llegó llena de tensión, durante todo el día la masividad de la protesta y violencia que se vivía se intensificó, produciendo enfrentamientos entre la Policía con grupos más radicalizados y una sensación de descontrol absoluto. El sábado resultó imposible trasladarse por la ciudad, se suspendieron los medios de transporte públicos, y las imágenes eran de miles de personas caminando hacia los espacios de concentración tratando de evitar el cruce con “los pacos” decididos a reprimir. A la media noche del domingo, los saqueos e incendios de mobiliario urbano no cesaban y provocaron la única reacción por parte del presidente Sebastián Piñera: dictar el Estado de Emergencia y al poco tiempo el toque de queda durante los horarios nocturnos.

Esta inédita decisión, que remite directamente al período de la dictadura pinochetista, en vez de amilanar a la población resultó una provocación. El domingo amaneció con un panorama desolador, el metro inutilizado, el Transantiago sin funcionar, el aeropuerto con los vuelos suspendidos y colapsado por gente esperando respuestas, y la suspensión de clases al menos hasta hoy. Sin duda, esto no fue tan solo por el alza del metro. Aquí se cocinaba un caldo de cultivo de promesas incumplidas por parte de un gobierno que demostró claramente su insensibilidad general y una desconexión con las preocupaciones y urgencias ciudadanas.

De la punta del iceberg emergió el alza de la luz, las bajas pensiones, los medidores inteligentes que paga el usuario, inequidades históricas y sueldos mínimos congelados. Como dato: uno de cada tres chilenos viven endeudados en más de un 70% de sus ingresos. El descontento acumulado y la sensación de abuso de poder terminaron por manifestarse dramáticamente a propósito del alza en el pasaje del metro, sorprendiendo a un Gobierno que quedó sin conducta frente al caos desatado en pocas horas.

El conflicto no parece ceder y se esparce como mancha de aceite. La oposición política está absolutamente atomizada, se debate entre acompañar a Piñera con miras de restablecer el orden o aglutinarse para acompañar al pueblo, que a esta altura se organiza mediante pacíficas y multitudinarias manifestaciones en las plazas de Santiago. Queda en el aire el olor al humo de la ilusión neoliberal, que pareció fortalecerse en distintos gobiernos de Suramérica y de la cual -a fuerza de sangre y rebelión de los pueblos- retrocede dejando entrever su fracaso de violencia y desigualdad.

* Presidente del Partido Socialista de Córdoba, y legislador electo.

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