Preocupante incremento del desempleo

Especial para HDC | Salvador Treber

La grave problemática que afronta Argentina se refleja en el incremento del desempleo y la permanencia de una situación que, para fines de 2018, incluía al 9,1% de la población económicamente activa; lo cual supone que en ese año se sumaron 350.000 nuevos desocupados.

Para evaluar con precisión la situación, debe agregarse que la subocupación ascendió entre 2018-2019 de 10,3% a 13,1%; mientras la pobreza sumó 1,9 millones en 2018, que así llegaron a representar el 31,3%; lo cual significa que los mismos acrecieron desde 2012 en 6,9%; aunque el gran “salto” se verificó en el presente año, ya que hasta fines junio ascendieron a 7,6%. En 2018 ya implicaban +5,3% y en el presente año la pobreza multidimensional ya llega a su máxima expresión, 33,7%. Es obvio que la recesión económica que se viene extendiendo desde 2016 genera gran desaliento y somete a condiciones de máxima carencia.

En consecuencia, hasta fines de 2018 pasaron de 1.332,9 a 1.684,7 miles, evaluados a través de los 31 mayores centros urbanos del país. A la par, en el colectivo total de los ocupados urbanos, sus remuneraciones bajaron en un 12,4; y en los seis primeros meses del corriente año dichas tendencias siguen jaqueando, pues los desocupados se elevaron a 1.850 miles. Hasta fines de diciembre seguirán esa penosa tendencia y llegarán a no menos de 2 millones.

La situación se ratifica por sí misma a través de la tasa de actividad, que en el transcurso de los últimos 18 meses se redujo de 46,4% a 44,9%; mientras la tasa de empleo descendía de 33% a 31,9%. Dicha crisis perjudica en especial a las franjas de trabajadores con mayor calificación, mientras, paralelamente, creció el empleo informal que aparece como el más precario del mercado. En suma, el número de ocupados descendió en 100.000 plazas, computando exclusivamente los 31 centros urbanos. La pobreza estructural pasó de 12,1% a 14,1%, mientras la multidimensional se elevó de 18,6% a 23%.

Los factores que están vinculados al nivel de ingresos y la receptividad del mercado laboral presentan tendencias insatisfactorias dado que crecieron las problemáticas negativa respecto a la adecuada alimentación que subió de 21,6% a 22,5% y el libre acceso a la educación que pasó de 32,3% a 31,9%. Todo ello pese a que se agrava por la caída de los ingresos, que les impiden cubrir la canasta familiar básica. Los autores del trabajo de investigación de la UCA señalan que se sufrió “un fuerte crecimiento en el actual contexto inflacionario y de estancamiento”, refieren que los generalizados incrementos de precios se agregó a una dramática pérdida de empleos, acentuándose la preferencia patronal por utilizar la metodología propia de la precarización laboral. El Indec registró un incremento del desempleo de alrededor de dos puntos porcentuales: “la falta de trabajo formal y el aumento del desempleo de larga duración explican también el aumento de la pobreza estructural, además de los ingresos”.

El documento de la UCA expone que la pobreza multidimensional se agrava en la situación de los trabajadores marginales o los obreros “no integrados” y los componentes de la llamada “clase media”. Lo más penoso es que tales circunstancias se agudiza la desigualdad preexistente, haciendo virtualmente imposible superarla. En el terreno de los hechos no se tiene constancia que en el último decenio se haya implementado un programa racional y ya antes experimentado con éxito. Lograr se respeten los derechos en todos los segmentos de la población se torna vital. Pero cabe advertir que una reducida franja que cubre la cima de la pirámide distributiva se beneficia notoriamente con la extensión temporal e incluso la agudización de esas carencias en el resto del colectivo y por ello operan en tal sentido.

Se recuerda que el Presidente había prometido alcanzar el objetivo de “pobreza cero”, y pidió que evaluaran su gestión en función del éxito que tuviese con ese objetivo. No sólo no se avanzó positivamente en los últimos tres años, sino que se duplicaron los niveles de los mencionados indicadores. Dice el informe de la UCA: “El enfoque de derechos es clave como criterio para fijar umbrales y políticas sociales.

No está claro que en los últimos años haya habido un plan integral de desarrollo social. Todo lo contrario, acumulamos más problemas sociales. Desde que empezamos a medir la pobreza, casi dos millones de argentinos no pudieron superarla. Esa tan negativa tendencia se mantiene y sigue ascendiendo; se puede colegir que en tales tan esenciales aspectos se ha fracasado rotundamente. En materia de empleo y seguridad social ascendió en ambos aspectos: se ha llegado a afectar al 34,3% de los hogares urbanos; mientras, en cuanto a necesidades de vivienda digna, alcanza al 27,3% de la misma.” La tasa de desempleo creció levemente en 2018, pese que hubo también un pequeño incremento en el índice general de actividad, coincidiendo con una suba en el trabajo informal, que pasó de 33,9% a 35,3%.

El escenario en materia de pobreza, según un análisis técnico a ese respecto elaborado en el Centro de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), que ha sido realizado en conjunto con el Programa de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), expone que nuestra economía registra sucesivos círculos viciosos de crecimiento seguidos de otros de estancamiento, pero subrayan que “una vez estabilizada la economía tras las hiperinflaciones de 1989 y 1990, la pobreza se redujo hasta alcanzar 29,7% mayo de 1992. En los años subsiguientes no hubo grandes modificaciones, y los valores a fines de 1993, fueron los mínimos de la década”.

En contraposición, el máximo ratio se ratificó fue el de octubre del 2002, tras abandonar el régimen de convertibilidad, con 65,5% de habitantes en situación de pobreza. Cabe agregar que en 2018 se logró retornar a la tasa alcanzada en 1994 del 27,9%; manteniendo en la actualidad un tercio de la población bajo la línea de pobreza.

Según el CIPPEC, pese a que la pobreza sube y baja, hay un grupo que sigue atrapado en las peores condiciones de “pobreza estructural” o “crónica” y dentro de ese colectivo el 47,9% son niños y/o jóvenes hasta 15 años. Actualmente parecería que ha se están absteniendo de elaborar nuevos datos, ya que tampoco se logró una reducción significativa de dicho indicador. Si se opta por evaluar la situación en los centros urbanos, aparecen con el peor indicador de alrededor 12,8% el Gran Rosario, Mar de Plata y el Gran Buenos Aires; en la provincia de Córdoba dicho indicador asciende a 9,2%. Un escenario nacional muy preocupante, y muy escasas las medidas efectivas.

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