Laudato Sí: la ecología papal y el problema del modelo productivo en Asís

Assisi 2020 | Por Julio C. Gambina

La Laudato Sí facilita y extiende un debate sobre el medio ambiente la crisis ecológica. Dirigida más allá del catolicismo, la encíclica interviene en el debate público mundial sobre el planeta tierra, la naturaleza y sus usos productivos. El cambio climático es un dato de la realidad y, si bien la naturaleza viva tiene un metabolismo de cambio propio (visibles en territorios hoy turísticos y fantásticos como Ischigualasto o Talampaya, expresiones de mutaciones naturales derivadas de procesos transitados por millones de años), la intervención más reciente de los seres humanos sobre la naturaleza a través de la historia contribuye en modificaciones que alimentan la crisis ecológica.

La crisis ecológica se hizo visible a fines de los 60 y comienzos de los 70, tiempos de aceleración de la revolución científico técnica aplicada a la producción, incluso Paulo VI en 1971 así la denominó. Varias voces y movimientos estudian y llevan adelante acciones colectivas en defensa de la ecología ya hace medio siglo. Ambientalistas o ecologistas nutren un entramado de activismo social que con variadas motivaciones asumen parcial o globalmente la defensa de la Tierra, el medio ambiente y los seres vivos. No siempre se concentra la crítica en el modelo productivo del capitalismo hegemónico.

Desde la crisis mundial de los 70, asociada a la crisis financiera y del dólar, o a la crisis petrolera de EE.UU. con impacto global, y a las tendencias acrecentadas de militarización de la sociedad mundial en un marco de liberalización económica, lo que llamó la atención fue la crisis ecológica: aparecía así la cuestión ecológica como novedad en el análisis de la crisis del capitalismo.

El desacople del dólar, en 1971, modificaba los acuerdos de Bretton Woods (1944) y auguraba la disputa de la hegemonía. El cénit en las reservas petroleras de EE.UU. desató las guerras por el petróleo y las búsquedas de nuevas tecnologías, que hoy se exponen con la producción de hidrocarburos no convencionales, la fractura hidráulica (fracking), y la vuelta de EE.UU. como primer productor mundial de hidrocarburos.

Mientras tanto, la crisis ecológica era la novedad en aquellos 70. Desde entonces se trata de cuestionar el impacto de la producción en el metabolismo social, que incluye a los seres humanos como parte indisoluble de la naturaleza. El capitalismo es el problema, o viceversa, el problema es el capitalismo. El modelo productivo sustentado en la energía proveniente del carbón, primero, y luego del petróleo, exacerbó la afectación del metabolismo social, colocando en peligro la reproducción de la vida y, por ende, de la sociedad y la naturaleza. La huella ecológica está afectada y la continuidad del modelo productivo en curso amenaza a la supervivencia de la generación actual y futura de la humanidad. Ya no es un tema de largo aliento, sino que involucra a nuestra generación.

Con la encíclica papal se habilita un debate interesante, con voces que tratan de explicar cómo los avances tecnológicos en despliegue disminuyen el proceso histórico de contaminación. Ya se escuchan voces defendiendo la siembra directa, como respuesta a los viejos métodos de roturación de tierras y almacenamiento que fomentaban el desgaste de los suelos y el derroche de energía, acero, materiales y maquinarias. En el mismo sentido se argumenta en defensa de las nuevas tecnologías de la extracción en la mega minería a cielo abierto, asociada a la búsqueda por aminorar el impacto ambiental y social, especialmente en la extracción de hidrocarburos no convencionales.

También es la ocasión para discutir el irracional modelo productivo y de desarrollo, que asocia y subordina las funciones económicas de la distribución, el intercambio y el consumo a una producción subordinada a la dominación de las transnacionales y su objetivo de ganancias y acumulación. El orden capitalista se caracterizó desde su inicio por una inmensa capacidad productiva, lo que generó la posibilidad de ampliar la producción y reproducción de la vida. Es un proceso exacerbado con el desarrollo de la ciencia y la técnica, que pone en discusión el propio proceso de la vida, afectando a la naturaleza y su capacidad reproductiva, por lo que generó la emergencia de tendencias promotoras del decrecimiento económico. La sociedad incorpora como sentido común favorable el proceso de crecimiento económico y poco atiende las consecuencias del crecimiento sobre el la naturaleza y la propia sociedad. El decrecimiento es visto como recesión y estado anormal de la evolución económica. Son concepciones interesadas desde la dominación capitalista; la realidad es que el crecimiento está decidido por las empresas que dominan el proceso de producción y, con ello, definen la obsolescencia programada para acelerar el desgaste de los productos y estimular el consumo. El consumismo es derivado directo de la dominación monopólica y transnacional de la producción mundial.

La producción es un proceso mundial. A solo efecto de ejemplo veamos que los principales productos que genera la Argentina son destinados al mundo; lo mismo ocurre con los productos de la minería o la industria automotriz. En todos los casos, la producción es definida por transnacionales de la alimentación, la biotecnología, la minería o las automotrices. El monopolio transnacional define a la producción mundial y poco le interesa la calidad de vida de la población y mucho menos la afectación de la naturaleza. No solo se trata de producir más o menos, sino de discutir qué se produce, para quién, cómo y con quién.

Se requiere modificar las relaciones sociales de producción gestados desde la emergencia del capitalismo, que significan sumisión y dependencia a la dominación mundial del orden del capital. La propuesta está asociada a la recuperación en las condiciones actuales del Vivir Bien o el Buen Vivir, orientada a definir el curso de la producción para satisfacer las necesidades del metabolismo social, lo que supone una concepción del ser humano como parte de la naturaleza y el ciclo productivo y reproductivo de la vida más allá de los seres humanos.

Solo habrá soluciones para la mayoría de la sociedad si se decide confrontar con el orden capitalista, descubriendo que es un régimen que reproduce hasta el ocaso final y autodestructivo la desigualdad social, de riquezas e ingresos, que depreda la naturaleza y explota la fuerza de trabajo. Y que en su afán por satisfacer objetivos egoístas se lleva puesto al planeta y a la vida.

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