Pobres chilenos, entre los cuicos y los rotos

Crisis de representatividad | Por Pedro Godoy

Lo Barnechea es una comuna de Santiago. Se ubica en los faldeos de la cordillera. Montañas, glaciares y el origen del río Mapocho constituyen su entorno geográfico. Lo distintivo de esta comuna es que en ella “convive” la clase más adinerada, los “cuicos”, con pobladores de ingresos bajos y muy bajos, los “rotos”. Estos últimos son descendientes de los fundadores del villorrio y herederos de quienes se “toman” los terrenos y levantan “mediaguas” y “mejoras”.

Algunos palacetes de los cuicos están separados sólo por una calle de las poblaciones de los rotos. Las mansiones más lujosas han trepado los cerros, y, desde lo alto, son testigos de una convivencia quebrada. Hasta el 18 de octubre de este año la dominación de los cuicos -como en el resto del país- era indiscutible en Lo Barnechea. El alcalde, por supuesto, es de derecha, y también casi todos los diputados del distrito. Pero este dique político no fue capaz de contener el masivo descontento.

Los rotos tomaron conciencia del poder que tienen porque son la mayoría. Sobre el dominio de los cuicos vislumbraron lo que escribió Albert Camus: “Ellos mandan hoy, porque tu obedeces”. El símbolo del poder en la comuna es el Portal La Dehesa: se trata de un centro comercial de lujo, donde los ricos hacen sus compras y los pobres “vitrinean” mientras sus exhaustas tarjetas de crédito les impiden participar del festival del consumismo. El “mall” pertenece a la cadena Cencosud que incluye los “malls” Alto Las Condes, Costanera Center y Florida Center.

Los pobres de Lo Barnechea golpean cacerolas y agitan consignas. Se les ocurrió manifestarse en el Portal La Dehesa, y allí ardió Troya. Los ricos, encaramados en el segundo piso, los insultaban con expresiones del tipo: “váyanse a sus poblaciones de mierda”, “atorrantes hijos de puta”, y otras por el estilo. Como los rotos eran pocos, los cuicos los agredieron y expulsaron del “mall”. La protesta en ese recinto se ha repetido y los golpes -ahora parejos- están dejando huellas en ambos bandos.

Los ricos “rotean” a los vulnerables: “no tienen idea de la ginebra con que se están empedando”. Los rotos son protagonistas de la historia de Chile. La élite los elogia cuando le conviene, y los nutre de furia patriotera contraria a las tres repúblicas fronterizas, Argentina, Bolivia y Perú. En la Plaza Yungay hay un monumento al roto chileno, carne de cañón de la guerra contra la Confederación Peruano-Boliviana (1839) y del Pacífico (1879). Los mismos cuicos se dedican luego a “palomear” huelguistas en la pampa salitrera. También los masacran en la Escuela Santa María de Iquique (1907).

La palabra “roto” tiene valor ambivalente. Puede ser un elogio en discursos patrioteros o un insulto en el lenguaje diario. Marca la división entre las buenas maneras -el guante de seda en un puño de hierro- y las supuestas costumbres groseras de quienes se encargan de las tareas más pesadas y desagradables. También tiene connotación racial. Se clasifica como roto al mestizaje que predomina en la sociedad chilena, aunque los mismos mestizos se creen “arios”.

En estos días estamos en presencia del anticonformismo de los rotos. Se han puesto de pie otra vez para reclamar derechos. De esto se aprovechan bandas criminales y narcotraficantes. Se estima que son hijos putativos del modelo neoliberal. Rotos y rotas hoy pobladores, jubilados, mapuches, empleadas domésticas... agréguense a la “patota”, los “ninis”. Los “ninis” son los jóvenes alérgicos al estudio y al trabajo; exhiben “dedos crespos” y “pulmones vírgenes”; aportan la destreza en el piedrazo y el interés por el pillaje. Todos son, potencialmente, “patos malos”.

Los cuicos de Lo Barnechea defienden su espacio a grito pelado. Con ello enfurecen al rotaje. Estos juran que el sistema los humilla. Sueñan con una nueva Constitución. Ciertos partidos políticos le sacan punta al lápiz, estimulando la gresca entre ambos grupos. Hacen negocio con la lucha de clases, anhelan sacar “maquila” del conflicto. Analizar el fenómeno es necesario y urgente.

 
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