La interna radical

Política nacional | Por Daniela Piccone y Juan Martín Marchioni

La Unión Cívica Radical (UCR) cordobesa está camino a la elección que defina quién será la nueva conducción partidaria y, si bien hay un imaginario de que el radicalismo es un partido ordenado hacia afuera gracias a que las diferencias se dirimen hacia adentro en los comicios internos, el año 2019 quebró esa tradición provincial cuando se decidió no llevar a cabo esa instancia y se presentaron en listas separadas. Las divisiones se recrudecieron con el pasar del tiempo y la casa no está en orden.

Las elecciones de mayo 2019, si bien plasmaron las discrepancias internas sobre quién debía ocupar la candidatura -y que podemos entenderlas desde las aspiraciones personales-, también reflejaron diferencias que ya se insinuaban dentro de la alianza Cambiemos, a la que la UCR pertenece, previa a la derrota de las Paso en agosto. Particularmente, se puede identificar dos grupos bien contrapuestos: uno encabezado por Mario Negri, más afín a la conducción del entonces presidente Mauricio Macri, y otro liderado por Ramón Mestre, reivindicando al radicalismo cordobés como actor principal y necesario para un armado electoral.

Negri, que obtuvo el apoyo de Cambiemos, se presentó junto a Héctor Baldassi con el sello “Córdoba Cambia”. Por otro lado, Mestre se presentó con la histórica lista 3 de la UCR, acompañado por Carlos Brinner, intendente de Bell Ville, localidad de basta producción agropecuaria. Para la elección en la ciudad de Córdoba, Negri aceptó la candidatura de Luis Juez, mientras que Rodrigo De Loredo se unió a Mestre. Como resultado no sólo se perdió la capital cordobesa que les había costado recuperar, sino también se tuvo una baja performance electoral. El radicalismo retrocedió de 138 a 119 municipios, mientras que el peronismo alcanzó la histórica cifra de 246 gobiernos locales. Todo un dato del retroceso territorial del centenario partido.

Aunque el diagnóstico puede considerarse malo, lo cierto es que no todos salieron perdiendo. A pesar de haber quedado segundo con el 18% de los votos, Negri logró una banca como diputado nacional y fue ratificado como presidente del interbloque Juntos por el Cambio en el Congreso Nacional. Además, su hijo Juan hoy ocupa un escaño en el Concejo Deliberante cordobés, espacio en el que cada vez sube más el perfil y se anima a incursionar en acuerdos con De Loredo, quien, por otro lado, se distanció de Mestre formando su propio bloque en el Concejo y se dejó ver en una foto en la apertura de sesiones legislativas 2019 con el presidente del bloque Córdoba Cambia (Orlando Arduh) y Negri.

Por su lado, Mestre, que quedó tercero en la elección a 7 puntos de distancia de Negri, y había decidido no hacer uso de la doble candidatura (mecanismo por el cual el candidato a gobernador es simultáneamente candidato a primer legislador de la lista sábana), no obtuvo cargo, por lo que, tras ocho años de ejercer como intendente de Córdoba, le significa volver a hacer política desde el llano, con el incentivo de ser el titular de la UCR a nivel provincial. El desafío para Ramón será, justamente, poder mantenerse en la agenda pública. Ganas no le faltan: hace poco tiempo lanzó un ‘think thank’ de políticas públicas, y cada tanto recorre localidades del interior provincial.

En la Unicameral, que se mantuvo la división que caracterizó a Córdoba, el bloque de la UCR perdió una integrante, la legisladora Elisa Caffaratti, quien a pesar de haber compartido la lista radical decidió pasar a las filas del bloque de Córdoba Cambia. La respuesta no tardó en llegar: la UCR Córdoba decidió suspender del cargo de vicepresidenta primera del partido a la legisladora Patricia De Ferrari por integrar un bloque que no es el del partido, es decir, el de Córdoba Cambia.
Otro dato no menor es que mientras Mestre presentaba, junto a los legisladores radicales, una propuesta de 6 puntos para el gobierno provincial, retomando un perfil público más alto y reafirmando sus intenciones de participar en la política a escala provincial, la cambiemita, Laura Sesma, le preparaba una denuncia al ex intendente por irregularidades en la contratación de personal durante su gestión.

En este contexto, caracterizado por fricciones y reacomodamientos que parecen evidenciar que las heridas aún no logran cicatrizar, se desarrolla la carrera por la elección a renovación de autoridades del comité provincial. Hace sólo algunos días trascendió que, en el encuentro del partido que se realizará en Villa Giardino, Mestre planea eliminar los grupos internos del partido mediante el cual se organizan las candidaturas y optar por una nueva mecánica.

Las internas cordobesas tienen sus particularidades y ejemplo de ello son los tres bloques en el concejo, pero no están ajenos a las diferencias nacionales que se pudieron observar en el último tramo de la campaña nacional pasada y que hoy se reflejan en quienes promueven echar a Ricardo Alfonsín de la UCR y quienes lo toleran.

El ascenso del peronismo a nivel nacional y municipal, más la ratificación de su conducción en la Provincia, generan el marco propicio para que estas reconfiguraciones tomen impulso y afloren ya no puertas adentro de bulevar San Juan 209, sino también fuera de la histórica casa radical. Son inevitables las tensiones en un marco de redefinición de lo que en algún momento fue Cambiemos: quiénes deben conducir, cómo deben hacerlo y a qué sectores deben priorizar.

Lo que suceda en las internas cordobesas podrá insinuar el rumbo hacia 2021, tal vez, el primer round de una batalla que promete más duelos de cara a 2023, cuando nuevamente se elijan representantes. Será clave, también, saber si el radicalismo desea llegar integro, doblado o, como el año pasado, roto.

 
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