FMI y Argentina: mitos y verdades

Por Constanza Caminos

La Carta del Atlántico (1941) que reunió a los líderes de Estados Unidos (EEUU) y Gran Bretaña fue el antecedente principal de la arquitectura del sistema internacional que rige hasta la actualidad.

Lo dispuesto por Roosevelt y Churchill en aquella oportunidad, cerró con broche de oro cuando en 1944, la localidad de Bretton Woods ubicada en la costa este de EEUU se convierte en la cede icónica del proyecto que estructuró la economía mundial mediante la creación de dos instituciones que rigen hasta el día de hoy: Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Mundial (BM).

La gobernanza de esta institución había quedado en manos de los países vencedores, y por tanto el cargo del Director Ejecutivo y del sub-director eran distribuidos entre ellos. Mientras que Europa propone al primero, el Tesoro de EEUU establece el candidato para el segundo. Y estos son quienes principalmente deciden las condiciones de los préstamos y las renegociaciones de las deudas.

Entre los 44 países que dieron a luz a ambas instituciones, en aquel entonces, Argentina no había estado presente, lo cual suscitó el viaje en 1946 del primer Director Ejecutivo del FMI invitando a este país a formar parte de la misma. En ese momento y tras el paradigma de la Tercera Posición, el presidente en aquel entonces se niega a su ingreso.

10 años más tarde, en plena Guerra Fría y con un gran resquemor al socialismo. El régimen militar de Pedro E. Aramburu, hace un giro en la política exterior del país a favor de Estados Unidos e ingresa al FMI como miembro pleno.

Desde aquel entonces a la actualidad, Argentina comienza a ser tomador de deuda en reiteradas oportunidades, lo cual en sí mismo no es un problema, porque todos los países son tomadores de deuda, pero no siempre con el FMI, dado que luego empiezan a ver varios condicionantes cuando se reciben estos fondos, los cuáles se van incrementando en función de la cantidad devengada.

En las últimas declaraciones del Ministro de Economía, Martín Guzmán presentó que la mayor amenaza a caer en default se debe a que la deuda representa actualmente un 88.8% del PBI actual. Ahora bien, si este dato se compara con los de otras países se puede ver que por ejemplo Estados Unidos tiene comprometido un 104% de su PBI, Reino Unido un 85,9%, Francia un 98,4% y se podría seguir con un sin número de ejemplos.

Y es aquí cuando comienzan las grandes contradicciones de la arquitectura económica internacional implantada en Bretton Woods, puesto que el problema no es la deuda en sí, ni cuánto del PBI está comprometido, sino la perspectiva de crecimiento y la sostenibilidad del pago de la misma.

Es así que lo que debe preocupar son los condicionantes al crecimiento que no solo están limitados por la propia capacidad interna del país, sino que también se encuentra determinada por la injerencia internacional y las exigencias de una receta contractiva, como la que se le ha impuesto a Argentina desde que empezó nuevamente con los desembolsos del FMI en el 2019.
Claramente que la llegada al Directorio Ejecutivo de Kristalina Georgieva, contrasta con la salida de Christine Lagarde, dado que tiene una visión bastante más amigable con los países en vías de desarrollo.

Ahora, el cargo que mantiene a Argentina en vilo es el del Primer Sub-Director Gerente del Organismo, puesto que pocos días atrás David Lipton (EEUU) quien tenía el cargo desde el 2011, ha sido removido de su función y se está a la espera de una nueva propuesta por parte del Tesoro de EEUU, la cual tiene que tener el visto bueno de la actual Directora.

Estos cambios, pueden ser favorables para Argentina que ha recibido el mayor rescate que el FMI ha dado en su historia, con 57 millones de dólares, de los cuales ya han ingresado 44.

Existen grandes expectativas de que el nuevo paradigma de la institución dado por Kristalina Georgieva, qué tiene una gran trayectoria académica y profesional en torno al desarrollo y al cambio climático, permita una participación más activa en torno a los mecanismos necesarios para hacer frente a la deuda pero sin desconocer las necesidades sociales que hoy en día ahogan a Argentina.

Tal como declaró Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL, el caso de la deuda soberana de este país es el caso testigo que demostrará si realmente la nueva Directora Ejecutiva puede realmente cambiar las bases del FMI para qué no solo ofrezca una billetera y un cerebro, sino también “un corazón que late”.

 
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