Sobre la escuela y la cuarentena

SR. DIRECTOR

En los últimos días he podido leer en nuestro diario distintos puntos de vista sobre la educación en estos momentos, y en lo que hay que preveer para una pospandemia.

El tema va a traer mucha tela para cortar, quiero aportar una opinión al artículo de miércoles 29, sobre la “Escuela en pandemia”. Si bien se ha analizado ya las diferencias económicas como un gran promotor de desigualdad, para la apropiación de tecnologías, disponibilidad de conectividad, y de espacios para las distintas actividades. Creo que también hay que tener en cuenta otro tipo de desigualdad, que no solo identifica a los más humildes: me refiero a esa “pobreza cultural” que podemos percibir en el apoyo de muchas familias, cuyo rol de padres han ido mutando hacia una posición más condicionada por niños y adolescentes con mayor poder. Como también, creo, ha mutado la creencia de que la escuela no ocupa un lugar importante en el ascenso social y en la formación socializadora de la misma.

La participación y devolución de actividades en estos días de cuarentena han sido muy bajas, sobre todo en comunidades humildes: los docentes han tratado de acompañar y adaptarse a los cambios, apropiándose de aplicaciones como genialy, prezi, kahoot, etc; han intentado mantener el contacto con whatsap, classrrom, instagram; dedicando más horas que las que les corresponden a su jornada laboral, y con la inversión de su propio bolsillo en gastos de conexión y tecnología. (Si bien los docentes perciben en “negro” unos minúsculos pesos para gastos de materiales, que ni se cerca al gasto de internet). 

La vorágine que experimentamos los primeros meses fue agotadora, pero luego cambió cuando desde el Gobierno se afirmó que los alumnos no iban a ser calificados, ahí la “curva” se vino abajo. Otra vez esa “pobreza cultural”, esa picardía criolla, provoco la caída de los “vínculos” (palabrita de moda) con que el Ministerio intenta incentivar a los docentes a buscar (o suplicar) a sus alumnos a continuar con las actividades educativas, siendo que le quitaron cierta obligatoriedad a las mismas al no haber calificaciones cuantitativas.

Por supuesto que el derecho a la educación es importante para una sociedad que busca libertad, igualdad y afianzar un futuro de bienestar. Son muchas las familias que creen que la educación es necesaria para la formación de un ciudadano activo, pero el mensaje desde nuestro Gobierno es ambiguo: hay poca inversión, se dan mensajes contradictorios, los docentes son golpeados con la peor jubilación del país, y fueron difamados por los gobiernos de turnos de diferentes formas. Cabe la pregunta, en educación como en muchos aspectos de la sociedad: ¿dónde están los derechos de esa comunidad que puede y quiere seguir educándose? ¿Dónde, los que quieren y no pueden? Existen medios y materiales, en una gran mayoría, para continuar el proceso de enseñanza, estos se vieron perjudicados porque se nivelaron las acciones a los que no pueden. Por otro lado, existe la sensación de muchos docentes de orfandad, de abandono, al que les exigen entregas distintas planillas con datos no confiables a la realidad, y la exigencia desde las inspecciones de “invitar” a una comunidad educativa algo pasiva, o más de lo que uno quisiera. Todo esto, alejado de las actividades que a los docentes les agrade, ya que muchos consideramos que es la comunidad la que debe preocuparse por mantener los lazos, de manera conjunta.

Por otro lado, existe la falencia desde los que planean las acciones generales: ¿Dónde están los pedagogos de Políticas Educativas confeccionando una manera concreta de acciones para este proceso, en vez de teorizar y aplicar exigencias? Escribo para participar, para que haya un análisis, no para criticar. De esta realidad tenemos que salir aprendiendo. 

La educación presenta un rasgo muy conservador, y eso ha cambiado, y espero que mantengan los nuevos usos que nos provee las TICs; pero creo que desde la sociedad tenemos que involucrarnos en un debate más comprometido hacia el rol que ocupa la educación, que si bien es un derecho y un rol del Estado (entiéndase que el Estado somos todos), es una obligación accionar en y con ella.

Héctor A. Rodríguez

 
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