La concepción china de las relaciones internacionales

Por Federico Vélez

La disciplina de las relaciones internacionales es relativamente nueva, en comparación con otras de sus pares, como la filosofía o la sociología. La primera cátedra de Relaciones Internacionales fue creada en 1919, en Gales, en la Universidad de Aberystwyth, por lo que recién hace dos años acaba de cumplir su primer centenario.

En cuanto a la teoría de las relaciones internacionales (RRII), los principales aportes teóricos provienen de Norteamérica y, en menor medida, de Europa. Morghentau, Alexander Wendt, Keohane, Joseph Nye y Waltz son algunos de los padres en el campo teórico; todos ellos radicados en Estados Unidos. Por lo tanto, a primera vista, podemos observar un enorme sesgo occidental, dejando un interrogante para el espacio que pudiese existir para países de otras partes del globo, como América Latina, o Asia.

Aquí es donde aparece China. La enorme tradición de su pensamiento político, además de las diversas contribuciones científicas efectuadas a lo largo de la historia, hace pensar en la posibilidad de crear una teoría china de las relaciones internacionales. ¿Qué es lo que China tiene para decir exactamente en este tema?

La mirada china

Las relaciones internacionales como disciplina fueron introducidas en China en la década de los 80, previamente, el marxismo-leninismo dominaba la interpretación de la realidad social, económica y política. En cuanto al campo de la producción teórica, existen intentos prometedores como la teoría de Tianxia, de Zhao Tingyang, o del Ascenso Pacifico, de Zheng Bijian. La primera de ellas corresponde a la antigua mirada de China como el centro de todo; desde esta óptica, el término refiere al territorio o espacio geográfico donde ejerce su soberanía el Emperador, cuyo mandato proviene del “cielo”, siendo él el Hijo del Cielo (tianzi). Se entiende, por lo tanto, que todo lo que está por dentro es lo civilizado y lo que no, bárbaro. Posteriormente, Zhao Tingyang, egresado de Beijing University y miembro del CASS (Chinese Academy of Social Sciences), tomó este concepto, elaborando la teoría de Tianxia con foco en el plano internacional.

La teoría del ascenso pacifico, acuñada por Zhen Bijian, enfatiza en la posibilidad del desarrollo social y político de China, sin constituirse en una amenaza para la seguridad internacional. De este modo, se opone directamente a la famosa teoría de la “amenaza roja” encarnada por una China comunista.

Sin embargo, estas teorías no logran conformarse como paradigmas que permitan una comprensión de la totalidad y la complejidad de los fenómenos internacionales. No obstante, López Vidal, González-Pujol y Pérez Mena, académicos de la Universidad Oberta de Catalunya, van más allá y plantean la existencia de una “escuela china de RRII”, con fecha de inicio en el año 2000. Esta escuela se ha nutrido de fuentes extranjeras, como el realismo, el liberalismo, el constructivismo, y los estudios postcoloniales, pero también de una base de pensamiento local, como el confucianismo. Uno de sus impulsores, Wang Yiwei, profesor de la Universidad Renmin (Beijing), propone la construcción de un vocabulario propio y específico para esta disciplina, a modo de ostentar una mayor autonomía, valorizando así los aportes locales de China.

¿Será factible?

Existe una serie de problemas al momento de considerar una teoría, o escuela china de RRII. Siguiendo a Yan Xuetong, decano del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Tsinghua, el principal argumento se resume en una cuestión de desarrollo académico. Si bien los estudios chinos en esta materia han dejado de ser incipientes, los académicos continúan mostrando falencias en aspectos metodológicos y de investigación, además no existen suficientes debates dentro de la disciplina, por lo que la imposibilidad de aprendizaje a prueba y error disminuye la viabilidad de alcanzar progresos.

Por otro lado, en ocasiones se olvida la milenaria tradición del pensamiento político que el país ha desarrollado. Hacer foco en ella permitiría una simbiosis entre ambos pensamientos (occidental y chino), sirviendo de una base sólida para la construcción de una teoría china de RRII.

Otra razón de dificultad es netamente política, China no posee la influencia teórica sobre las ciencias sociales que su contraparte estadounidense o europea. Todavía sus investigaciones y corrientes de pensamiento no logran captar la suficiente atención occidental, y menos ser incluidas en sus programas de estudio, lo que demuestra a simple vista una conducta eurocéntrica.

El último de los argumentos se refiere a la nomenclatura. Como bien lo señala Yan, las diferentes teorías de las relaciones internacionales no deben su nombre a su creador. Así, por ejemplo, Morgenthau no llamó a su teoría “realismo”; Wendt no acuño el término “constructivismo”; ni Waltz la denomino “neo-realismo” (“estructuralismo”, según su autor). Pareciera entonces que su denominación siempre responda a un tercero, lo que hace muy difícil que desde afuera den luz a una teoría china. Incluso, dentro del propio país, existe una diversidad de corrientes de pensamiento, a saber: confucianismo, taoísmo, legalismo, Moismo, Maoísmo, etc. Por lo tanto, resulta muy difícil elegir un nombre que englobe a todo el pensamiento del país, al no haber una sola corriente.

En las Relaciones Internacionales, el “reflectivismo” nos introduce en un valioso debate: ¿a quién sirven las teorías? ¿por qué se elabora una teoría determinada? ¿existe una visión diferente de la occidental? Robert W. Cox, padre de la “teoría crítica”, sostiene que la teoría es siempre para alguien y para un propósito. Si bien la teoría se crea para entender y cambiar la realidad, en muchas ocasiones termina siendo una creación subjetiva que sirve a propósitos e intereses de un determinado grupo humano bajo un halo de objetividad pura.

Quizás haya llegado el momento de replantear la disciplina, y decidir cuál es el lugar que países como China vienen a ocupar en el mundo futuro.

 
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