Periodismos de guerra

Por Roy Rodríguez

Era setiembre de 1937, en la borrosa frontera entre República Dominicana y Haití el ejército trujillista asesinó a más de 15.000 campesinos de origen o descendencia haitiana. En setiembre de 1994, cinco meses de asesinatos masivos dejaron 800.000 personas muertas en Ruanda. En ambos casos, el odio y supuestas diferencias étnicas, desencadenaron el horror. Machetes alentados desde las radios. Y dictaduras, como espejos.

Rafael Leónidas Trujillo Molina era presidente de República Dominicana cuando ordenó la masacre. Sin armas de fuego: los soldados llevarían solamente machetes. En medio del campo. Sin que quedaran testigos. “El asesinato de miles de haitianos y dominicanos de 1937 hay que colocarlo en el cuadro más grande de los discursos ideológicos nacionalistas de República Dominicana (…) una negrofobia y un antihaitianismo del que se apropiaron algunos gobiernos”, explica Simone Rodrígues Pinto, en el libro “Masacre de 1937, 80 años después”. Algunas versiones hablan de hasta 35.000 muertes. A machetazos. En apenas dos meses. Los sobrevivientes soportarían las mutilaciones.

“Banda 42” se llamó el grupo de delincuentes juveniles que asoló aldeas dominicanas a principios del siglo XX. Robaban animales, falsificaban cheques, asaltaban bancos y, sobre todo, imitaban a los westerns norteamericanos. De esa banda formó parte el joven Rafael Trujillo. Su hermano era el jefe.

Cuando en 1916 el almirante Harry Shepard Knappl leyó la proclama desconociendo al gobierno dominicano, desde la cubierta del buque Olimpia, Trujillo ya era Guardia Campestre. Según Robert Crassweller, estos guardias eran una especie de figura represiva entre lo público y lo privado, que buscaba garantizar las esclavizantes condiciones de trabajo en la caña de azúcar. La ocupación norteamericana y Trujillo ya trabajaban con los mismos objetivos. Knappl crearía la Guardia Nacional. Dos años más tarde Trujillo se ofrecería como voluntario.

Cuando los invasores dejaron la isla, en 1924, la Guardia Nacional era ya Policía Nacional, y Trujillo era Teniente. En 1928 fue General y jefe del nuevo Ejército. Faltaban dos años para su dictadura. Y menos de una década para la masacre.

Ruanda

La dictadura de Trujillo terminó 1961. Fue asesinado. Por entonces Ruanda luchaba por su independencia, que llegó en 1962. Colonia alemana, tras la primera Guerra Mundial fue botín de Bélgica.

Eran tierras habitadas por el pueblo banyaruanda, que se dividía en tres grupos: hutus, en un 85%, tutsis, 14% y un 1% de Twa. Los tutsis, ganaderos, serían la elite gobernante funcional al poder europeo, por décadas. Los hutus, agricultores, serían sometidos hasta después de la independencia.

Gobernaban hutus en 1994. Un misil derribó el avión en el que viajaba el presidente Juvénal Habyarimana. Lo consideraban moderado. Su dictadura llevaba dos décadas. La Radio Télévision Libre des Mille Collines (RTLM) culpó al Frente Patriótico Ruandés (FPR) -formado por milicias tutsis- por el magnicidio. Fue la excusa. Y el inicio de la matanza. En 100 días murieron al menos 800.000 personas. Ciudadanos comunes recorrían las calles con machetes en busca de los que hasta el día anterior eran sus vecinos.

Los locutores de la RTLM incitaban al asesinato masivo. Daban listas con direcciones y patentes. El dueño de la radio era Felicien Maguba, uno de los ideólogos del genocidio. La había creado meses antes, al tiempo que importaba gran cantidad de machetes. RTLM era la “voz de dios” para los hutus, cuenta Mahmood Mamdani en “When victims become killers”.

RLTM se llamaba la radio oficial del gobierno de Rafael Leónidas Trujillo Molina, que como una burla redefinía las iniciales del dictador en: “Rectitud, libertad, trabajo y moralidad”.

El Tribunal Internacional para Ruanda consideró a la RTLM como actor fundamental en el genocidio. Celeste Ambrosi, investigadora del Conicet, se pregunta: ¿Por qué ni la ONU ni los Estados Unidos interfirieron la frecuencia para prevenir los crímenes? Por entonces, el presidente norteamericano, William Jefferson Clinton, prohibió usar la palabra genocidio para referirse a Ruanda.

Espejos

Tres mujeres. Escuchan radio. Son guías de la Casa de Caoba, una de las residencias de Trujillo. Las retrata un artículo del New York Times de 1975. En el lugar RLTM -el dictador- violó a cientos de mujeres. El cronista menciona al pasar la muerte de tres hermanas. Décadas más tarde ellas serán banderas. La policía secreta de Trujillo asesinó a Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, en 1960. A su memoria, en 1999, la ONU instauró el Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, los 25 de noviembre.

En Ruanda, la violencia sistemática incluyó la violación de miles de mujeres. El 23 de marzo de 2015 el secretario general de la ONU, Bank ki Moon, firmó un documento en el que pedía al Consejo de Seguridad tomar medidas contra las violaciones como “táctica de guerra”. Hablaba de Ruanda. Veinte años después.

RTLM y RLTM, radios como espejos. Pobreza. Violencia. Saqueos. Países ricos llevándose las cosechas de pueblos pobres. (El azúcar en República Dominicana; el café o el té en Ruanda). Y las masacres. RTLM y RLTM, sinónimos periodismo de guerra: Palabras machete, detrás de un escritorio. Como si la muerte no fuese. Y la responsabilidad una noción ajena. Anónimos que escriben. Tomando un café. Con azúcar.

 
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