La voluntad soberana del votante

Por Andrea Sabattini

En las Paso del 12 de septiembre los cordobeses tienen la oportunidad de elegir los congresales que liderarán la oposición al oficialismo, con miras a una posible y refrescante alternancia del partido gobernante. Dentro de las listas mayoritarias opositoras vemos que se postulan, una y otra vez, los mismos candidatos y que reina entre ellos un silencio sobre su necesidad de revalidar los títulos electorales cada dos años.

Los vemos electos en cargos cuyos mandatos no cumplirán y en los que no se cumplirá el contrato social que cerraran con los votantes durante la campaña, vicio del que pueden hacer gala muchos de los principales candidatos, tanto de un color político, como del otro. Por lo demás, realizarán la aludida práctica menospreciando la voluntad política que le imprime el votante a su voto al emitirlo. Confundidos e indignados, la mayoría de los electores, al expresar su voluntad de mandato por un candidato, no sabe a ciencia cierta si a quien está votando, cumplirá con lo prometido o si otro ocupará el puesto y, en ese caso, quién será y qué hará con la confianza asignada.

Lo cierto es que muchos de los candidatos principales hacen de la política una profesión, en la cual deben rodearse de una burocracia partidaria compuesta de seguidores, amigos y asesores para poder perpetuarse en la carrera electoralista e intervenir en sucesivas y múltiples nominaciones. Claro está que más que un apego al servicio que debieran cumplir desde el Poder Legislativo o Ejecutivo, se apegan a sus aspiraciones personales, relegando a la ciudadanía, a los partidos que supuestamente representan y a los demás actores que los conducen al poder a un indigno segundo plano.

Es imperioso achicar el gasto en la política y concentrarse en la generación de empleo y puestos de trabajo genuino, a fin de concretar el ideal de muchas sociedades en las que austeros sistemas de bienestar se hallan asentados en la racionalidad y la lógica, y se combinan con fuertes inversiones del sector privado.

Es difícil que, con quienes ya tuvieron responsabilidades de gobierno e hicieron poco, se puedan generar los cambios genuinos que requiere la gente. Es imperioso impulsar desde el Senado de la Nación consensos sobre los valores sobre los cuales queremos asentar las políticas de Estado. También, normas que resguarden los intereses de la provincia, como el fortalecimiento de la coparticipación y la realización de la postergada reforma fiscal, integral y progresiva; la generación de empleo y fuentes de trabajo para los sectores castigados, el apuntalamiento de la clase media y el acceso tecnológico de amplias capas de la sociedad. Tenemos que aprobar leyes que generen una revolución educativa en la que chicos y chicas terminen el secundario pudiendo comprender textos complejos y realizar razonamientos lógicos.

Un proyecto por el cual guardo un afecto particular es la vuelta al sistema del Colegio Electoral como órgano encargado de elegir al Presidente y Vicepresidente, mediante el sufragio indirecto de un representante por distrito electoral. Dicho sistema, que estuvo instituido desde los albores de nuestra Nación hasta la reforma constitucional de 1994, equilibraba enormemente las diferencias entre la provincia de Buenos Aires y la ciudad-puerto, por un lado, y la “Argentina profunda” por el otro. Es vital para la defensa de nuestro sistema federal de gobierno asentado en el artículo 1 de la Constitución Nacional, retornar a ello.

Necesitamos caras nuevas en la política y de diverso tinte. Debemos retomar la conducta ética y los valores que están hoy postergados, como la austeridad, la coherencia, la decencia y honestidad.

 

Precandidata a Senadora Nacional

 
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