La Educación Tecnológica y el nuevo plan de CyT en las escuelas

Por Susana Leliwa y Carlos M. Marpegán

Ante la difusión del Plan Nacional de Ciencia y Tecnología en la escuela, por parte del ministerio de Educación, que “se propone modificar paulatinamente el espacio de Educación Tecnológica por Ciencias de la Computación en todos los niveles”, de manera inconsulta y sin fundamentos sólidos conocidos, expresamos nuestro desacuerdo, aquí fundamentado.

La Educación Tecnológica ha sido incluida como espacio en la currícula de la educación obligatoria luego de estudios serios y consistentes, y con procesos participativos que culminaron primero en la Ley Federal de Educación 24.195/93 y sus Contenidos Básicos Comunes; y en la Ley de Educación Nacional 26.206/06. Los contenidos vigentes son los Núcleos de Aprendizajes Prioritarios (NAP) que, una vez aprobados por el Consejo Federal de Educación (2004–2012), sirvieron de base para la inclusión de la Educación Tecnológica en los Diseños Curriculares de las provincias, desde el Nivel Inicial hasta el Ciclo Básico del Nivel Secundario. Los Profesorados de Educación Tecnológica otorgan los títulos para ese desempeño y dan cuenta de estos acuerdos, de la consolidación de una epistemología y una didáctica específicas.

Como consecuencia de estos procesos, los docentes de Educación Tecnológica han crecido en número, investigación, calidad educativa, publicaciones y congresos. Nuestra propuesta educativa se nutre del conocimiento tecnológico y de aportes de disciplinas fundantes de la cultura, como la filosofía de la técnica, antropología y sociología de la tecnología, además de estrategias didácticas propias del quehacer tecnológico. O sea: hace más de 25 años la Educación Tecnológica asume una tarea pedagógica vital, porque implica enseñar principios teóricos y procedimientos básicos de todas las tecnologías para una formación de ciudadanía proactiva; educa para una comprensión profunda, entrañable y crítica de todos los procesos tecnológicos, no solo los computacionales. Ningún otro espacio curricular otorga estos saberes, que incluyen la enseñanza conceptual e integral de las redes, sistemas, procesos, medios y productos tecnológicos: su estructura, su funcionamiento y su evolución histórica. También pone énfasis en la alfabetización tecnológica: enseñanza de los lenguajes, símbolos y medios de representación, junto con los significados propios de nuestra cultura material. Además, procura el desarrollo de capacidades de pensamiento tecnológico, crítico, estratégico y computacional; resolución de problemas; valores; actitudes; trabajo grupal; inventiva y creatividad.

Estamos frente a una disciplina joven pero consolidada y en firme crecimiento, como sucede en casi todos los países de alto desarrollo tecnológico, más allá de los diversos enfoques y matices propios de cada caso. Además, si hay algo que caracteriza este espacio curricular es su gran capacidad para actualizarse e incorporar las nuevas tecnologías emergentes (biotecnología, nuevos materiales, nanotecnología, informática, computación, robótica), siempre con un abordaje formativo cultural y con la precaución de no caer en un enfoque puramente instrumental.

Como consecuencia, la informática, la programación y la robótica ya han sido incorporados a nuestros contenidos; pero conviene enfatizar que una cosa es enseñar para la comprensión de los sistemas digitales y otra diferente es trasmitir técnicas que se agotan en destrezas prácticas solo con fines utilitarios o de formación laboral. El enfoque pedagógico propio de la Educación Tecnológica evita los riesgos de una enseñanza tecnicista con designios tecnocráticos o meritocráticos.

Por ello, consideramos que es un error reemplazar la Educación Tecnológica por las Ciencias de la Computación, porque se desconoce así el papel de todas las demás tecnologías y se invisibiliza el rol decisivo de los medios técnicos en la cognición humana, en la construcción de las subjetividades y en la formación ciudadana. Limitar la enseñanza de la tecnología a la computación es como limitar la enseñanza de las matemáticas a la trigonometría.

Lejos estamos de negar la relevancia de la informática o la computación en los tiempos que corren, pero la mayor parte de los modelos de las Ciencias de la Computación pertenecen al campo de la lógica matemática y algorítmica. En otras palabras, propiciamos la inclusión de saberes computacionales en el sistema educativo, pero también solicitamos que esto sea planificado adecuadamente, sin improvisar, con la intervención efectiva de todos los sectores involucrados, y sin abolir la Educación Tecnológica. Existen diversas posibilidades para su inclusión que necesitan de un estudio profundo, por ejemplo, en el ciclo superior de la escuela secundaria técnica, en matemática, en talleres específicos en escuelas de jornada completa.

En el sistema educativo, la Educación Tecnológica tiene la inmensa virtud de contrarrestar y compensar la presión mediática y tecnocrática que las nuevas tecnologías digitales ejercen sobre las políticas educativas; esto es así porque la Educación Tecnológica tiene la facultad de incluirlas como formación general, sin despreciar el poder de las demás tecnologías, emergentes o consolidadas, de moda o tradicionales, de punta o apropiadas, elitistas o inclusivas, corporativas o populares.

La Educación Tecnológica es un espacio imprescindible, porque implica una tarea fundante y sistémica de pensar la tecnología y su enseñanza, para construir una genuina cultura tecnológica en el marco de un modelo de desarrollo nacional democrático y emancipador. Prescindir de la Educación Tecnológica es privar a nuestros estudiantes de una formación ciudadana acorde con el futuro que ya es presente.

 

Docentes integrantes de la Red Argentina de Educación Tecnológica

 
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