La política, las campañas y las malas palabras

Por José María Las Heras

Gran embrollo trajo Victoria Tolosa Paz al llamar sin eufemismos a un acto ínsito de la naturaleza humana: tener sexo. Sin tapujos hablamos de comer, de divertirnos, de asearnos. Si de relaciones sexuales se trata, nos expresamos con rodeos y ¡ni qué decir entre personas del mismo género! La expresión de la dirigente del Frente de Todos usando “garchar” -palabra ramplona que no uso por hábito generacional- no es tan frecuente en los medios de comunicación, ni en la academia, ni en franjas etarias de adultos. Sin embargo, aunque la RAE no la incorpora aun, es propia del vocabulario de los jóvenes.

La palabra será, en más, de uso habitual para buena parte de los argentinos. Nos guste o no, está en el patrimonio de nuestro lunfardo junto a un extenso listado de argentinismos, que en otras tierras tienen significados distintos. La palabra “tirar” para nosotros es despreciar algo que no sirve o hacer fuerza para alcanzar un objeto. Mal le pasó a la esposa de un amigo argentino en Venezuela. Agobiada por la canícula caribeña le dice a su empleada: “Mariángeles me voy a tirar un rato al dormitorio.”. Ruborizada, esta le responde: “señora, no use esa palabra aquí, porque entenderán que está haciendo otra cosa, y con un caballero”.

Y qué decir cuando ironizamos a nuestros hermanos latinoamericanos de no sacarse de la boca la palabra “coger” cuando quieren tomar algo. “Toma chico, coge”, le señala un cubano a un turista porteño en Varadero. Afortunadamente alcanza a entenderlo, se refiere al mojito, no a la hermosa mulata que atiende la barra de tragos.

Decir “mina” –de génesis tanguera– hace treinta años estaba reservada solo a los hombres, para denostar a una mujer. Hoy su uso es común, y sin adjetivaciones negativas. Podríamos hacer un diccionario de palabras que tienen mayor o menor aceptación. A modo de ejemplo, “pelotudo”, “boludo” –más de los porteños- o el “huevón”, muletilla que distingue a mendocinos y sanjuaninos.
Los que se irritan con Tolosa Paz deberían, de querer hablar con purismo etimológico, adecuarse a la RAE. Así, tal vez, utilizar “follar” al cual define como “practicar el coito”.

Pero “follar” y “coito” son desconocidos en nuestro léxico cotidiano. ¿Vale hacer un esfuerzo para que se usen (solo porque lo dice la Real Academia Española), cuando buena parte de los argentinos usan otros léxicos? Buen lio tuvo el curita de un pueblo cuando, en catequesis, una niña le preguntó “¿padre, que significa fornicar, como dice la Biblia?”. Y, por cierto, “garchar” está incorporado, desde agosto 2021, en el Novisimo Diccionario del Lunfardo, de José Gobello.

Y ya que estamos detrás del buen uso etimológico de las palabras, recurramos a Confucio. Dice el maestro: “el que no se adentra en el profundo sentido de cada palabra, jamás conocerá a los hombres; si los nombres de las cosas no son correctos, las palabras no se ajustarán a lo que representan, y si las palabras no se ajustan a lo que representan, los asuntos no se entenderán”.

Deberían meditar así “muches” (avanzando con el discutido lenguaje inclusivo) que mojigatamente se rasgan las vestiduras por una expresión dicha ante un contexto de jóvenes que la usan habitualmente. “Les mismes” que ni siquiera se incomodan cuando el diputado Fernando Iglesias se rasca los testículos en pleno acto público.

Y ya que batimos parche con el cordobesismo, vamos por la que era una palabra bizarra: “culiado”, para insultar a alguien tanto por una mala acción, como el referirse con cariño a un “amigue”.

Tuvo que venir Paul McCartney, en 2016, al Kempes y saludar a la multitud: "¡Buenas noches Córdoba! ¡Hola culiados!", en alusión al típico término cordobés, para que su uso sea cotidiano. Nadie se irritó con el ex Beatle, ni aquí ni en el resto del país. “Es reconocer cómo habla la gente” se justificó, sin polémica. Muy distinto con lo ocurrido estos últimos días por parte de algunos comunicadores locales, que se horrorizan ante los dichos de una mujer, y candidata. ¿Cipayismo semántico, diría Jauretche?

 

Ex ministro de Finanzas, profesor consulto de la UNC

 
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