El gran Doug

Otro día en el paraíso | Federico Racca

Faltan tres días para la navidad en el lago chileno General Carrera (del lado argentino se llama Buenos Aires), en ese que es el segundo espejo más grande de Sudamérica después del Titicaca. Un grupo de aventureros avanza en kayaks dobles, vienen en un largo viaje de más de ochenta kilómetros desde Puerto Sánchez hasta Puerto Ibáñez. La temperatura del agua es de 5 °C. A las diez de la mañana se levanta un viento extremo y el agua se embravece, se levantan olas de más de un metro. Los kayaks se dispersan. Una de las pequeñas embarcaciones se tumba, los ocupantes caen al agua, no llevan neoprenes. Intentan subir al kayak pero las olas lo impiden, el cansancio los doblega. Uno de los hombres, de setenta y dos años, se lanza para llegar a la costa nadando. La hipotermia lo toma, otro kayak lo encuentra y lo lleva a la rastra. Un helicóptero ha sido enviado para rescatarlo, tarda una hora en llegar, alza al anciano de cuerpo espigado pero el frío ha hecho su trabajo: “Doug ha muerto; cambio y fuera.”

Las donaciones y el mecenazgo son una larga tradición en Estados Unidos. La combinación entre altruismo y feroz capitalismo (obreros en semi-esclavitud, asesinato y extorsión de competidores, monopolio y cartelización, etc.) nunca fue un problema en la sociedad protestante. Entre los más ilustres mecenas se puede nombrar al Amo del Acero, Andrew Carnegie, cuyas donaciones siguen impulsando a artistas, museos y universidades aún ahora, cien años después de su muerte. John D. Rockefeller, el dueño del imperio de petróleo más grande de la historia, la Standard Oil, fue también un filántropo que, aparte, nos dejó esa increíble frase sobre el capitalismo que inspiró la película American Beauty: “El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia del más apto… La bella rosa estadounidense solo puede lograr el máximo de su esplendor y perfume que nos encantan, si sacrificamos a los capullos que crecen en su alrededor. Esto no es una tendencia maligna en los negocios, es más bien solo la elaboración de una ley de la naturaleza y de una ley de Dios”.

En el año 2006 Luis D´Elía, en su cargo de subsecretario de Tierras para el Hábitat Social, llegó a Corrientes y desplegó una operación mediática cortando las cadenas de una tranquera y manifestando que llegaba para liberar los Esteros del Iberá de la compra extranjera de tierras. D´Elía acusaba a Douglas Tompkins de producir la concentración y extranjerización de tierras al comprar miles de hectáreas: “A pesar de haber tenido varias decisiones judiciales en su contra, avanza con la compra de tierras en la región de los Esteros del Iberá, uno de los mayores reservorios de agua dulce del mundo, afectando a campesinos y aborígenes pobres”, dijo. Para ese entonces Tompkins había comprado 230.000 hectáreas de los Esteros del Iberá y ya planteaba que combinaría en la zona emprendimientos productivos con “conservacionismo”.

El 29 de abril pasado, la viuda de Douglas Tompkins hizo la mayor donación de tierras a Chile. Los equipos de Tompkins negociaron por años imponiendo sus altísimos estándares de conservacionismo para que las tierras formaran nuevos parques nacionales. También los Tompkins siguieron el modelo de donar sus tierras, pero con la obligación del estado de donar una cantidad igual o mayor para formar los parques. Se crearon cinco parques nacionales y se expandieron tres que existían. Solo en los parques Pumalín y Patagonia, los Tompkins donaron 293.000 y 83.000 hectáreas, mientras que el Estado puso el resto.La viuda de Tompkins incluyó en la donación todas las construcciones y hasta las sábanas de los alojamientos y los cubiertos de los restaurantes. Ahora, en Chile, la viuda de Tompkins y sus equipos están centrados en crear la Ruta de los Parques de la Patagonia, un recorrido de 2.800 kilómetros y 17 parques nacionales con cerca de 11,5 millones de hectáreas protegidas –tres veces el tamaño de Suiza y el doble de Costa Rica (Tompkins pensaba que Chile debía convertirse en uno de los principales destinos mundiales para observar la naturaleza salvaje).

En Argentina el equipo de Tompkins donó al Estado argentino más de 78.000 hectáreas y, en 2016, firmó un acuerdo con el presidente Macri que confirma la donación de 150.000 hectáreas para la creación del Parque Nacional Iberá (Corrientes). Actualmente siguen las negociaciones para obligar a que Argentina done una gran cantidad de hectáreas y cumpla los estándares de protección que estableció Tompkins.

Último dato: en Argentina solo el 6% de tierras y el 3% de áreas marítimas están protegidas por el organismo de Parques Nacionales. En España son el 27% y el 10%, respectivamente.

17 Mayo 2019
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