Agua de beber, camarada

Otro día en el paraíso | Por Federico Racca

Llegué tipo nueve de la noche, me miraron y a coro jetonearon: “¡basura!”. Mis amigos sabían que llegaría tarde para no cocinar, para dejarles a ellos las exquisiteces. A ver si me acuerdo -no pidan nombres de chef de tele porque no sé, aunque intentaré: huesos de caracú cortados a lo largo con finas hierbas y cucharitas para extraer la crema y untar en tostadas “ali oli” (¿se dirá así?). Luego, para seguir en la onda diet, vinieron provoletas con un menjunje que las volvían maná y, de postre, mollejas rellenas. Al terminar la barbarie, llegaría el momento cultural, con Fede Lavezzo explicando la relación entre el nacimiento de la Bossa Nova, la creación de Brasilia y el presidente Juscelino Kubitschek (JK).

Volviendo al comienzo: estas juntadas empezaron varios años atrás, nada muy original. Seis amigos reuniéndose a comer algo y charlar, pero a poco de comenzar las cosas se complejizaron. Los anfitriones sacaron a relucir sus capacidades culinarias más refinadas y así pasamos desde el típico asado a degustar comida judía (esa del centro de Europa, diferente a otra de los judíos sefaradíes de Marruecos que fue elaborada como respuesta por otro integrante). Probamos pescados adobados, verduras japonesas, comida de la lejana Tailandia, ceviches peruanos y arroces condimentados con especies recién llegadas de Agra y el Rajastán.

La complejidad no terminó con la comida, sino que después establecimos que se debía llevar un regalo (en general algo propio; libro, CD, fotocopia, pipa, manta, etc.) para que cada uno eligiera; algo que podríamos llamar amigo visible. La última incorporación fue que en cada reunión alguno debía exponer un tema, algo no muy largo pero, conociéndonos, nada es a medias y así Claudio Arán, con su precisión clásica advirtió: “Muchachos, basta de agregar cosas; antes esto era un placer, ahora hago tantas cosas que me siento un esclavo etíope.”

Yendo a la charla de Federico, ya el tema intrigaba; la relación entre el nacimiento de la Bossa Nova, una ciudad creada de la nada y un presidente cuyo nombre casi no se puede pronunciar, era raro. Lavezzo es el escritor de un libro mítico llamado “El oso polar”, narra el caminar de esa escultura de piedra que hoy está frente al Caraffa moviéndose (según la teoría de Lavezzo), lenta pero segura, hacia la Antártida, buscando convertirse en el primer oso polar antártico. Federico comenzó contándonos del Planalto, una extensa meseta que no poseía caminos ni infraestructura, donde el presidente brasileño Juscelino Kubitschek decidió edificar la capital, Brasilia, en el año 1956. Kubitschek se planteó terminarla antes de su mandato de cinco años y así lo logró. Llamó a un concurso internacional y el urbanista que lo ganó fue Lucio Costa, que presentó, frente a los grandes estudios de arquitectura mundiales, unas hojitas con unos croquis y explicaciones garabateadas a un lado (Federico nos llevó fotocopias de esos trabajos que yo me quedé como regalo). Mientras se construía la ciudad, el presidente se alojaba en una sencilla casa de madera y techo de chapa, conocida como “El Palacio de las Tablas”, que le había sido construida a pedido suyo en las cercanías de las barracas de los trabajadores. Kubitschek invitó a Tom Jobim y a Vinícius de Moraes a pasar un tiempo en el “Palacio de las Tablas”, para que compusieran una sinfonía para la inauguración de la nueva capital.

Hay que decir que la Bossa Nova, cuyo nombre puede interpretarse como “estilo nuevo”; nacida como una nueva manera de cantar y tocar la samba urbano carioca, recién estaba emergiendo. Una noche, ya instalados en el “Palacio de las Tablas”, Tom Jobim y Vinícius, después de comer, caminaban por los alrededores y sintieron ruido de agua; se acercaron a un policía y le preguntaron: “¿De dónde viene ese ruido de agua?” y el vigía les contestó: “Você não sabe não? É aqui que tem água de beber, camará.” De allí nació una de las primeras y míticas canciones del bossa nova, esa llamada “Agua de beber”, y que dice así (que NOS dice en estos tiempos de angustia e incertidumbre, sin un Kubitschek que pueda soñar un más allá): “Nunca he hecho una cosa tan correcta, / entré en la escuela del perdón / mi casa vive abierta, / he abierto todas las puertas del corazón. // Siempre tuve una certeza / que solo me dio desilusión / Es que el amor es una tristeza / demasiado dolor para un corazón. // Agua de beber / Agua de beber, camarada.”

01 Febrero 2019
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