Los pases en la Jefatura policial develan una interna caliente

Con denuncias cruzadas, en breve se anunciarían los nombres de los máximos jefes 

Por Héctor Cuevas (especial para HDC)

Los fines de año policiales suelen ser un inmenso dolor de cabeza para el gobierno cordobés. Entre los últimos días de noviembre y comienzos de diciembre se definen todas las listas azules. Ascensos, retiros forzosos y, sobre todo, la escalera vertical de la Plana Mayor. Ratificaciones o retiros, sin medias tintas.

Este año no es una excepción. Al subjefe de Policía, Gustavo Folli, semanas atrás le tocaron el hombro y al oído le dijeron “ciclo cumplido”. ¿Nos vamos todos?, preguntó. “No, vos solo”. El hombre, sexuagenario, con una dilatada trayectoria en Bomberos, jamás fue un subjefe de cotillón en estos cuatro años. Siempre tuvo su propia tropa y nunca dejó de mirar qué hacía su antigua compañía. Bomberos puede parecer algo menor en el esquema policial, pero lejos está de serlo: cualquier local que quiera ser habilitado, debe pasar por sus manos.

Folli no se quedó quieto. Organizó un acto y a viva voz comunicó que se iba. Parecía ser suya la decisión. Y dejó en el tintero la idea de que toda la Plana Mayor también estaba en retirada.

A la par, otra vez comenzaron viejos ruidos. Hoy no hay clima para un motín policial como el de diciembre de 2013, o algún escándalo de esa naturaleza. Pero los varones policiales siempre se las están ingeniando: desde hace dos meses, vuelan las denuncias cruzadas por acoso sexual, malversación de fondos y otras cuestiones. Causas que por ahora no han llegado a ningún puerto, tanto en el Tribunal de Conducta como en la Justicia, pero que pueden terminar por manchar para siempre el prestigio de alguno que está por asomar la cabeza y tomar un cargo de jerarquía.

En el Panal tomaron nota de esto. Mientras el secretario de Seguridad, Alfonso Mosquera, aguarda que el gobernador Juan Schiaretti lo nombre ministro de Seguridad (caso contrario, amenaza con refugiarse en una banca en la Unicameral), el actual ministro de Gobierno y Seguridad, Carlos Massei, ya le dio una orden: clarificar en las próximas horas cómo quedará compuesta la Plana Mayor policial, para poner fin a la viralización de toda esta clase de acusaciones.

Esta vez la idea no sería aguardar que Schiaretti ponga comienzo a su nuevo mandato: hay miedo de que las “operetas” se devoren a todos en Jefatura.

El gobernador, mientras tanto, se toma su tiempo. Nunca le gustó tener un ministerio de Seguridad propio. Dice a los suyos que en esta área, tener un jefe político significa perderlo en algún momento. Las crisis de seguridad siempre se cobran la cabeza política del área. El anterior secretario de Seguridad, Diego Hak, pretendió moverse como un ministro, y le fue mal: debió renunciar en medio de un escándalo que incluía cámaras ocultas, drogas y “noche”. El Caso Hak está muy presente aún en el Panal.

La decisión oficial ya está tomada y sólo resta que la comuniquen. Y será muy pronto. Gustavo Vélez, de extremo perfil bajo, continuará como Jefe de la Policía. Se hablaba de que iba a ascender a un cargo político, pero en la baraja no surgió un nombre de peso que conformara a todos los actores políticos que se mueven alrededor de la multimillonaria caja policial.

Un nuevo jugador para cerrar la puja entre “alejistas” y “ramoncistas”

La puja en la Plana Mayor de las fuerzas policiales pasa por el segundo cargo. La comisaria general Rita Salgado, a cargo desde el año pasado de la Dirección General de Tecnología de Información y Análisis Estadístico, parecía picar en punta. Hace mucho que ronda la idea de poner a una mujer a la cabeza de la Policía, lo que generaría un hito dentro de una fuerza vertical y machista.

No obstante, a estas horas quién más votos cosecha para ese cargo es el actual jefe de Recursos Humanos, Marcelo Altamirano, quien durante un tiempo estuvo al frente del área de Prensa y tiene como rol clave lograr articular lo que hoy el jefe no logra hacer: una comunicación más fluida con otros actores claves. Y esto no sería todo. Hay un tercer nombre, el del jefe de la zona sur de la ciudad de Córdoba, Gonzalo Cumplido, que hoy cosecha las mayores pasiones. Tiene tantos defensores como detractores. Como objetivo de mínima, hoy figura como número puesto para calzarse el traje del jefe de Seguridad Capital, o sea, de toda la ciudad. Cumplido es una suerte de “jugador libre”, siempre hizo juego propio.

Gustavo Vélez, en cambio, continúa ligado a la gestión de Alejo Paredes, todo lo contrario a Gustavo Folli, vinculado a Ramón Frías. Los ex jefes policiales Paredes y Frías marcaron por completo las luchas internas de Jefatura. Los cambios que se avecinan pondrían fin al viejo contrato tácito de repartir los máximos cargos entre “alejistas” y “ramoncistas”. El actual jefe, Leonardo Páez Stelmach, parece haber caído en desgracia. En el Panal, aseguran que no logró despegarse a tiempo de Folli, por lo que hoy su figura quedó bajo una inmensa lupa.

Él lo sabe, y por eso se teme que las denuncias cruzadas se multipliquen en las próximas horas. Para ello, se activó un doble plan: anunciar pronto los cambios y contentar a Folli ofreciéndole un rol clave dentro de la seguridad de la Municipalidad de Córdoba. A las viudas negras, se sabe en Jefatura, es mejor tenerlas adentro de un frasco de vidrio.
 

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