La estrecha sombra de nuestro techo de cristal

Economía y genero | Por José María Las Heras

El presidente Evo Morales dio un destacado papel al deporte. El presupuesto del gobierno boliviano mostraba una creciente participación del gasto deportivo. Se comprobó que un 95% se destinaba a la práctica masculina, propio de una sociedad saturada de atavismos ancestrales, con fuerte dominio del varón. La detección surgió de una nueva herramienta de gestión: el Presupuesto con Perspectiva de Género (PPG), que permite a las autoridades exponer las metas de equidad social previstas. Y a los actores de género, esencialmente mujeres y sus organizaciones representativas, evaluar resultados. En definitiva, una contribución a paliar desigualdades de género e inequidades en los derechos de las mujeres.

En el año 1975, a raíz de un viaje por Europa para observar avances en materia de transporte y tránsito, siendo secretario de Servicios Públicos de la Municipalidad de Córdoba, se instrumentaron dos medidas innovadoras para nuestro país. Por un lado, la implementación de los carriles selectivos (que hasta hoy subsisten), y por el otro, la participación de mujeres en el control de tránsito. Lo que hoy es aceptado como un rol inherente a mujeres, por aquél entonces constituía una transgresión: “¡cómo una mujer iba a controlar el tránsito, si ni siquiera aprendió a conducir!”, se escuchaba habitualmente. La propaganda de una marca de cigarrillos de los años 70 ya advertía sobre los tiempos venideros, una seductora mujer fumando con su slogan “Has recorrido un largo camino, muchacha”. Cuánto más ha progresado la mujer desde entonces en su lucha contra inequidades ancestrales.

En la Provincia de Córdoba, un novel Ministerio de la Mujer, actuando transversalmente, pretende garantizar el rol de la mujer y su impacto en las diferentes políticas públicas.

En el ámbito nacional se ha creado la Dirección de Economía y Género, a cargo de Mercedes D´Alessandro, una desafiante militante femenina. Autora del libro “Economía feminista. Las mujeres, el trabajo y el amor”, advierte que “cuando se hace un análisis desprejuiciado acerca de cómo suceden las cosas en nuestra sociedad aparece que la norma es la desigualdad y que, en gran medida, es desigualdad de género”. La excelsa Virginia Woolf, en su novela de los años 30 “Una habitación propia”, se pregunta: “¿por qué los hombres bebían vino y las mujeres agua?”, poniendo sobre el tapete, más que el gusto por una u otra bebida, estereotipos machistas de la sociedad de entonces. Algunos títulos de capítulos del libro de Mercedes, recomendado con insistencia desde hace unos meses por mi hija Ana Florencia, como “Madres al borde de un ataque de nervios”; “La pobreza es sexista”; o “Las mujeres al poder”, visibilizan la brecha aún pendiente hacia la equidad de género en el mundo.

Según Roberto Rovasio, sólo un 3% de las mujeres han sido nominadas a los premios Nobel. Aun cuando la legislación formalmente ha equiparado la igualdad de sexos existe un “techo de cristal”, en el que las mujeres, por distintas razones (el poder impuesto por el hombre y su doble rol laboral, el inevitable del hogar y en la sociedad) no pueden acceder a determinados estatus y actividades que parecen continuar siendo reservados solo para varones. Después de todo, en la Municipalidad de los 70 ni en el acceso a mujeres en el Montserrat hacia mediados de los 90, no había norma que prohibiera que las mujeres fueran zorras grises ni alumnas del colegio de nuestra Universidad Nacional de Córdoba.

¿Cómo romper ese “techo de cristal”? El rol del Estado es decisorio para garantizar el cumplimiento de políticas activas que propicien la equidad. El PPG es una herramienta utilizada en muchos lugares del mundo, pero, llamativamente, no en Argentina. Aun con todos los avances legislativos en materia de no discriminación sexista, no se cuenta con información oportuna y suficiente. Es imprescindible conocer del presupuesto público cuánto, cómo, cuándo y en qué se gasta de los recursos para uno y otro sexo. No es difícil, las TIC posibilitan el acceso a la información requerida y las herramientas de Inteligencia Artificial ofrecen la oportunidad de detectar patrones de comportamiento en las políticas públicas. Es posible ir más allá de las inequidades de género; detectando el uso discriminatorio por edad, sector social, localización y otros aspectos emergentes. En Córdoba los avances tecnológicos lo facilitan, y universalizar la tarjeta del Ciudadano Digital puede ser una herramienta para conocer en tiempo real el destino del gasto.

No solo el Estado debe hacerlo, sino el mundo empresario en su balance social, como las comprometidas organizaciones de la sociedad civil. Con ello se podrá registrar cuánto de vino o de agua eligen unes y otres.

PD: El título viene de la canción “Nuestro techo de cristal”, de la banda El duende callejero.



 
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