¿Habemus acuerdo con el FMI?

Economía nacional | Por José María Las Heras

El Seminario “Nuevas Formas de Fraternidad Solidaria de Inclusión, Integración e Innovación”, convocado por el papa Francisco para el próximo 5 de febrero en Roma, con la presencia de la directora gerente del Fondo Monetario Internacional – FMI, Kristalina Georgieva, es una oportunidad para lograr un acuerdo sobre la gravosa deuda externa de nuestro país.

Está invitado también el Nobel Joseph Stiglitz, con quien participamos con motivo de las “Jornadas Asís 2020” en Córdoba, en diciembre pasado, en el marco de la convocatoria del papa Bergoglio para sentar las bases de un modelo económico más humano. Su discípulo, Martin Guzmán, ministro de Economía de la Nación, se enfocará en la “transformación de las reglas de la arquitectura financiera internacional”; en tanto que Luis Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo - BID se abocará a la búsqueda de poner en justos términos el dilema del endeudamiento de muchos países, no solo de Argentina, bajo el título de “Cómo hacer el sistema financiero más inclusivo, resiliente y eficiente”.

El encuentro será en la emblemática Capilla Sixtina, ámbito propicio para un acuerdo solidario alejado de los “rings” en los que debaten habitualmente acreedores y deudores. ¿Cuáles deberían ser los límites en defensa de los intereses de unos y otros? Shakespeare exalta, en “El mercader de Venecia”, los abusos del usurero Shylock sobre el Príncipe deudor. En la aplicación rigurosa del derecho (“summum ius summa iniuria”), que puede generar injusticia, se cimenta la discusión pecuniaria de la obra.

En el antiguo derecho romano se considera ilegitimo el cumplimiento de una deuda cuando emerge con posterioridad una excesiva onerosidad: “rebus sic stantibus” (lo pactado en sus inicios puede sufrir variaciones de acuerdo a las circunstancias que afectan lo acordado). Sin embargo, los acreedores –con el FMI a la cabeza– presionan bajo el principio “pacta sunt servanda” (los contratos deben cumplirse estrictamente de acuerdo a lo originalmente pactado). Los deudores deben acatar sus políticas y el ajuste es la conducta a la que deben atenerse.

Un tercer principio, el de “corresponsabilidad” de quien presta, sabiendo el riego que corre, y de quien recibe, es lo que se espera del próximo encuentro promovido por el papa argentino. La corresponsabilidad debe arrancar desde el inicio, destinando los fondos a inversiones productivas que garanticen la capacidad del pago de la deuda. Algo que no ocurrió en el desmesurado endeudamiento contraído por el macrismo, destinado a la fuga de capitales.

Dos requisitos complementarios juegan a su vez: uno, que “la protección del deudor es un hecho esencial”. La corresponsabilidad se basa en la buena fe de las partes, sin caer en el extremo de pretender cobrar todo, ni tampoco repudiar el pago de la deuda, respetándose el principio “rebus sic stantibus” cuando existan dificultades. Se trata de no someter al deudor a padecimientos inicuos, inspirado en principios del derecho internacional, como la “Declaración sobre la usura y la deuda externa”, más conocida como la “Carta de Sant´Agata dei Goti”, escrita en homenaje a san Alfonso María de Ligorio, que condenaba el enriquecimiento sin causa y el abuso del derecho.
Un segundo requisito indica que “nadie puede ser juez en su propia causa”. El FMI arbitra las negociaciones de deuda. En los casos de deuda soberana –colocación de títulos en el mercado de capitales-, la jurisdicción se establece en tribunales fijados por los acreedores (por caso, Nueva York). El principio “pacta sunt servanda” es rector en todos los casos; para muestra, valen los fallos del juez Griesa a favor de los fondos buitre...

Aconseja la Fundación Friedrich Ebert sancionar un “Código de Insolvencia” mundial, incluyendo un sistema de arbitraje acordado entre las partes. ¡Una suerte de concurso de acreedores, pero sin que el FMI sea el juez! Lo recomendable sería que los bonos incluyan cláusulas que permitan declarar la cesación de pagos.

Se pretende, así, trato igualitario para todos los propietarios de bonos de un país en “default”, evitando que algunos tenedores recurran a los tribunales boicoteando los programas de reestructuración. Se permitiría que la mayoría de los acreedores acuerden con el deudor en mora. Y aquellos minoritarios que se nieguen deberían acatar, como sucede en cualquier concurso privado, abortando así maniobras especulativas como la de los fondos buitre.

Aunque letra muerta, es un avance la resolución de Naciones Unidas de 2015, estableciendo una guía para la reestructuración de deudas soberanas, iniciativa impulsada por la Argentina, y que contó con el apoyo del Vaticano y algunos países europeos a raíz del chantaje de esos fondos buitre.

¿Habemus acuerdo? El gobierno de Alberto Fernández propone pagar la deuda, pero postergando las fechas de vencimientos. Argentina necesita antes crecer para pagar.

 
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