Los desaparecidos están

Por Luis Miguel Baronetto

Este fue un 24 de marzo sin cuerpos caminando por las calles del país. Pero no fue un día desmemoriado. Porque la Memoria, la Verdad y la Justicia trasciende nuestros cuerpos. Reducirlas al tiempo y al espacio limitado de nuestras vidas sería caer en la soberbia individualista de pretender circunscribir la historia. Por constitución humana “somos mucho más que dos” (Benedetti). Y eso es lo que anima los proyectos colectivos, que siempre son históricos y por eso nos trascienden.

Este esbozo introductorio sólo pretende motivar una reflexión a propósito de los 30.000 que cada año nos convocan en esta fecha. Aunque el 24 de marzo se haya establecido para recordar una tragedia que nos sumió en la tristeza y el dolor, el transcurso de estos 44 años de Memoria, Verdad y Justicia señala el horizonte de esperanza y fortaleza que anima a las mayorías populares en el camino de la reconstrucción de la solidaridad y la justicia social. Es allí cuando aparecen los/as desaparecidos/as. Es cuando verificamos que los proyectos que encarnaron siguen interpelando y reconstruyéndose.

Cuando el genocida Jorge Rafael Videla en 1979 dijo que “los desaparecidos no tienen entidad, no están”, pretendía no sólo negar el Terrorismo de Estado, sino que tampoco tendrían entidad ni existencia los proyectos que esos militantes encarnaban. Se trataba de aplicar el terror para implantar el miedo y obligar a que cada uno se refugiara en su individualismo. Era la esencia del modelo neoliberal. Con la desaparición de los cuerpos hacer desaparecer los proyectos colectivos, por mayor justicia y dignidad para los empobrecidos por los ricos y explotadores. Lo que no dimensionaron los genocidas es que los proyectos de las mayorías encarnados en cuerpos militantes, también los trascienden porque la proyección es histórica, y la historia es más que uno.

La desaparición de los cuerpos –cuya restitución será reclamo permanente hasta que los asesinos confiesen la verdad o los archivos la develen– nos recuerda que los cambios no llueven del cielo y requieren convicciones, fortaleza, organización y persistencia popular. Pero también nos revela la propia trascendencia al revivir de múltiples formas, en los reclamos y luchas especialmente de los que son víctimas de los poderes hegemónicos. 

Es importante remarcar esta dimensión trascendente y concreta de los/as desaparecidos/as para que la conmemoración no quede aprisionada en el dolor causado por los desaparecedores que los transformaron en víctimas de sus crímenes. Sería el regocijo de los victimarios. Su peor derrota, sin embargo, fue expresada por algunos de los condenados por delitos de lesa humanidad, cuando palparon que los y las militantes que ellos secuestraron y desaparecieron rondaban por las salas de audiencias en los juicios, con la voz de los testigos. Y más aún, seguían en las calles movilizándose multiplicados por miles en los reclamos de nuevos derechos, mientras desde sus antiguos lugares de militancia se aunaban en proyectos populares, abarcadores, pluralistas, superando no sin dificultades las limitaciones y egoísmos propios de las limitaciones humanas y las mezquindades políticas.

El Terrorismo de Estado, implementado por las Fuerzas Armadas con activa participación de grandes empresarios y sectores de poderes institucionales como el judicial y el eclesial, secuestró e hizo desaparecer los cuerpos de 30.000. Pero su triunfo fue pírrico. Precisamente porque ningún pueblo se suicida. Y desde las cenizas sopladas por los nuevos vientos de protagonismo, fue posible emerger y plasmar avances en las reivindicaciones populares.

Los cómplices de ayer y de hoy que pretendieron negar esta dimensión histórica también fueron nuevamente marginados por los mecanismos democráticos. Y eso ha posibilitado en el presente abordar las variadas y difíciles situaciones con empeño, entusiasmo, solidaridad y esperanza. En la continuidad de proyectos de transformación que además de honrar la memoria de los 30.000, van allanando el camino a cambios en la redistribución de las riquezas, que haga efectiva la fraternidad y la justicia.

 
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