El “efecto Morrison”

Política cordobesa | Por Pedro D. Allende

Jorge Cura era un dirigente peronista muy valorado en su comunidad, Morrison, un pueblo pequeño (alrededor de 3.500 habitantes) sobre la ruta 9 “vieja” -en plena pampa gringa- al que condujo por más de 20 años. Y muy respetado en el Departamento Unión, un valioso enclave justicialista cuyo liderazgo aún sigue recostado en el histórico dirigente bellvillense Domingo Carbonetti. Cura falleció en mayo, abriéndose un interrogante que lo trasciende.

Asumió la intendencia de Morrison Eliana Lumiello, con el cometido de llamar a elecciones para completar el mandato en curso. Tras postergarse la fecha del comicio por la pandemia (como también ocurrió en Despeñaderos, y otras localidades en las que debe llamarse a elección por similar causal), luego de una reciente votación el Justicialismo deberá abandonar el sillón mayor de municipio. La Unión Vecinal, conglomerado incierto (pero no oficialista), de la mano de Gustavo Reitano, se quedó con el triunfo, por apenas 86 votos.

El oficialismo de Hacemos por Córdoba puso su maquinaria al servicio de su candidata: se desplegaron todos los recursos con que cuenta; la localidad fue visitada por las principales espadas del gobierno; una encuesta del equipo más cercano al Panal daba a Lumiello ventaja por 4 puntos; una “boca de urna” de encuestadores oficialistas ampliaba ese margen a unos 17 puntos. Se dice que esos números se manejaban como ciertos en entornos oficiales, y que el revés cayó muy mal.

La derrota, además de imprevista y ampliamente publicitada en medios nacionales y provinciales, muestra flancos débiles. En primer lugar, los oficialismos están atravesando una crítica situación al exponerse más que nunca a plebiscitar su gestión reciente, atravesada por la pandemia. Además, muestra el vacío que en cada localidad se genera cuando jefes comunales “eternos” ya no encabezan la lista. Y esto debiera ocurrir en decenas de municipios si se aplica la última reforma a la legislación electoral provincial, que establece un tope de dos mandatos consecutivos.

Se dice que un coro de creciente volumen está planteando una derogación de estas cláusulas legales, también previstas para legisladores. En un contexto en el que el peronismo estrenará obligatoriamente un candidato a Gobernador distinto a los dos que encabezaron en los últimos 24 años, los liderazgos locales activos serán fundamentales para traccionar votos a quien desempeñe esa función: casi tanto como, en 1998, los necesitó José Manuel de la Sota.

El fracaso deja también al peronismo un sabor amargo, por los errores de estrategas y asesores, tanto en el planteo de la campaña (el “mano a mano” no fue percibido en su real riesgo por los experimentados dirigentes justicialistas del Departamento Unión), como en el registro técnico del humor de los vecinos, y otros aspectos de marketing.

Como si esto no fuera suficiente, otros dos fenómenos se estarían gestando tras el “efecto Morrison”. La percepción de que el oficialismo no es invencible, en ninguna zona de la provincia. Y el consecuente “envalentonamiento”, con la búsqueda de acuerdos entre opositores que permitan poner fin a hegemonías locales oficialistas, en tanto granito de arena por un premio mayor.

Mantener un imperio

El domingo próximo los peronistas defienden otro bastión crucial: la segunda ciudad de la provincia. Río Cuarto llega con un importante menú de candidatos a la elección, en el que sobresalen el oficialista Juan M. Llamosas, y el contrincante cambiemista, Gabriel Abrile. Se pronosticaba triunfo (por los encuestadores de confianza del gobierno provincial) hasta hace pocas semanas; el duro cimbrón de Morrison hoy les haría predecir un margen estrecho para cualquiera de los dos, con ligera ventaja para Llamosas.

Aunque la oposición sueña con el batacazo. Cuenta Cambiemos en la localidad (que muchas veces estuvo bajo el mando radical) con una estructura nada desdeñable, y consideran que varias situaciones de coyuntura pueden aportarle el plus indispensable para pasar al frente.      Enumeran, en primer término, al apoyo del dirigente nacional más valorado en Córdoba: Horacio Rodríguez Larreta. Además, la pandemia desnudó fallas estructurales en la ciudad que complicaron al gobierno local (un pico de infectados casi incontrolable). La ciudadanía, dada la importante escala y prestigio de la ciudad, podría aprovechar la ocasión para hacerle llegar, también, un mensaje a Juan Schiaretti. A los reclamos que buena parte de los vecinos hoy le hace al gobernador, como la relación con el gobierno nacional, la situación de la educación, los conflictos policiales y la capacidad del sistema de salud, varios de sus principales jugadores están muy relacionados con la política riocuartense, entre ellos Alfonso Mosquera (afrontando serios problemas en el ministerio de Seguridad), o Carlos Gutiérrez y Claudia Márquez, que acaban de votar en Diputados el aporte extraordinario a las grandes fortunas acuñado por sus colegas Máximo Kirchner y Carlos Heller.

A no dudarlo, se viene una semana con muchas novedades.

 
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