El insectario

Relatos australes | Por Nadine Alemán

Escuchá este relato en su versión audiocuento 

Las dinámicas de los grupos adolescentes se pueden ver reflejadas incluso en los
microuniversos
más insólitos 

Las chicas nunca sabrán que ella falla a propósito en la lección de zoología; porque lo mejor en la escuela es fallar, suponiendo que de la transgresión adolescente alguna madre saldrá de pilates y se ocupará. Después se arrepiente y se esfuerza en decir les chiques y todo con e, a ver si ahí sí la aceptan.

Los insectos, entonces, tienen: un exoesqueleto, tres regiones del cuerpo (cabeza, torax, abdomen), tres pares de patas segmentadas y un par de antenas. La mayoría tiene dos pares de alas. Algunos insectos, como las hormigas, suelen no tener alas, algunos insectos, como las moscas, solo tienen un par de alas.

El tema es que los días, a ella le siguen comenzando con un olor a guiso tremendo que se queda pegado en el pelo y no hay Impulse Surprise que lo saque. La temporada de preparación del viaje de egresados le arderá particularmente. Porque no tiene, porque no puede. Pero fallando en zoología el resto la mira, la cree par. Y algo es algo.

Las polillas tienden a tener cuerpos gruesos y peludos, más alas de color tierra. Las polillas suelen estar activas durante la noche y descansar durante el día en un hábitat arbolado. Las antenas de las polillas, palpos, patas y muchas otras partes del cuerpo están salpicadas de receptores sensoriales que se utilizan para oler. El sentido del olfato se usa para encontrar comida, generalmente néctar de flores.

(La luz, la polilla, no falta nada; allá vamoooos dijo Mirtha Legrand).

Tiene varias temporadas ardiendo. Las de fin de año duelen un poco más. Es una quemadura especial ese momento en que todes charlan sobre sus alitas trocadas en vestidos del baile de egresados y ella miente que no se decide entre un Delaostia y un Soya. La realidad la estampa contra el barro cuando salta el recordatorio de que tiene que ir a lo de doña Marta. Y lo pone en minúscula en el celular viejito tapado con cositas de brillitos (así todo en diminutivo la vuelve más chetito).

El camuflaje es una gran defensa de la polilla para evitar ser detectado por un depredador hambriento. Algunas polillas se parecen a los líquenes, otra se ven como la corteza de los árboles nativos de su hábitat.

En lo de doña Marta, el vestido de la hermana será destripado con crueldad (borrando momentos imborrables) para ver (PARA VER) si sale algo para ella pueda ir decente al baile de los del año siguiente que egresan y se emocionan y bla bla bla bla pero que ella planea entrar cuando estén todos bailando, porque la oscuridad de los bailes se llevan las marcas y las chetitudes de las otras pibas que sí tienen y que entran con todas las luces encendidas y pagando la entrada.

Y tras tanta temporada ficticia la impiedad ya la acorraló; el insectario está desbandándose y llega la hora de la verdad.
Ya no hay manera de hallarse en lo difuso de la conversación de vestiditos y sandalias caras; los árboles se derramaron y ya casi no sirven para esconderse a esperar que entren todos al baile en las últimas horas de un día de diciembre. El tema es que el día para ella, cuando se llama noche, es cartoneo. Así no más te lo digo.

Las horas la acorralan feo y en el resplandor del buen pasar ya no hubo lugar para ella. Ni habrá.

Otra forma efectiva de camuflaje es la coloración que pude confundir a un depredador para que golpee una parte no vital del cuerpo de las polillas. Las líneas y las manchas de las polillas dificultarán apuntar hacia ella, especialmente cuando esté moviéndose.

No hay manera de evitar la certeza; la escultura irracional de la rubia naturalmente abeja reina hace su entrada y todos los chicos van quedando atrapados en la oscuridad emocionante de la noche mágica en que todos tendrán a la suerte de su lado.

La clase insecta, o insectos, son los artrópodos que tienen tres pares de patas, un cuerpo segmentado etc etc. Otras clases de artrópodos son los crustáceos (como chinches, cangrejos de río, cangrejos comunes), diplópodos (milpiés), quilópodos (ciempiés) y arácnidos (como arañas, garrapatas, ácaros, escorpiones).

Y no va que al padre le da por cartonear en esa calle. Y las pibas van llegando y el padre y el hermano con el carro se vienen acercando. La ven. Detrás de un árbol. Cruzadita de brazos. Con el vestido hecho por doña Marta. Salí de ahí que mirá lo que parecés que quien te va a mirar.

Y la están mirando. Pre ci sa men te to dos. Las horas traicioneras no se llevaron la claridad del día, y todos se quedaron charlando afuera. La fila se hizo larga y no había donde estacionar. Y bueno. Están todos todes (y la gran siete) afuera.

Y por supuesto nadie hará del olvido un favor a la pobrecita. El susurro larga con más fuerza que el último hit.

Encima ni siquiera es como en las películas, que hay lluvia o qué sé yo; que una densa cortina más o menos esconde algo y nada, que la llovizna vuelve sensual la cara de las pibas y el cabello se les pega a la piel. No, de eso nada. Más clarito que nunca está, y enfermo de despoblado de nubes. En fer mo. Día enfermo que todo lo deja ver. No hay manera de dar pasos vacilantes de dignas ideas mojadas que un viento de publicidad se llevará. Nada. Claro, clarito el día, todos enfrente viendo al cartonero, al hijo, a la hija y a su mala suerte. Listo, ya está, ya fue.

Las polillas navegan por dos métodos: usan la luna y las estrellas cuando están disponibles y pistas geomagnéticas cuando las fuentes de luz están oscurecidas.

¿Y saben qué? vayanse bien al carajo, todos, todes. Y se enoja la piba. Camina decidida hacia sus compañeros por un imaginario pasillo del rencor. Los otros no saben si reirse o temer. Y la vergüenza se le va por donde le entraban antes las penas. Moviendo los brazos acompasando los pasos largos con zapatos que le quedan grandes, llega de una vez.

Y vaya Dios a saber de qué cajón de la memoria saca unas palabras rimbombantes.

Manga de gusanos hediondos, cómo les gusta ver alicaídos a los sin rumbo, parece que se regocijan eh, vayanse bien a ya saben dónde, ya me harté, me abandonó la inspiración, ni los árboles me tuvieron piedad, ¿qué podría esperar de ustedes?

Ríanse gusanos, y bailen como loques, yo prefiero oxigenarme escapando antes que ahogarme en pretención.

Y se pega la vuelta y se hace taconeando la media cuadra hasta el carro con el padre y el hermano. Ah pero se da vuelta para rematar

y sepanlón: de entre todos los lujos que este mundo tiene, ser omitida es uno que no me quise dar.

Sepanlón, se le escapa. Sepanlón.

Este audiocuento es una realización de Color Ciego Producciones 

Nadine Alemán (Esquel, Patagonia Argentina, 1977)

Licenciada en Cine y Televisión (UNC). Realizó proyectos audiovisuales en Santiago de Chile y Canadá. Su primer libro de cuentos, 17 Simples cuentos (2006) y fue traducido parcialmente al árabe en Marruecos. Publicó el libro de poemas y tangos Letal intensidad. Su último libro es El cura y la sucia (2012). Se dedica a dar clases de medios audiovisuales y guión, a capacitar docentes en el área audiovisual y a la investigación en Educación y Género.

Autora de singular imaginación, Nadine Alemán tiene además un manejo de la sintaxis que roza la prosa experimental de los surrealistas.

 
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