Microficciones

Relatos australes | Por Leonardo Dolengiewich

Escuchá este relato en su versión audiocuento 

Una retahíla de microcuentos que por momentos pueden ser tanto mariposas como una ráfaga de balas

Héroe sádico
Se acercó hasta el borde del precipicio, mucho más allá del límite indicado por el guía. Todos lo miraron, alguno le gritó que volviera, que no se arriesgara. Se arrojó sin inmutarse.
Cuando no estaba salvando al mundo, Peter Parker se divertía a costa de los turistas que visitaban la ciudad.
Contractura crónica
El traumatólogo le advirtió que si no hacía un tratamiento fisioterapéutico, la contractura que tenía podía volverse crónica. Ella no le hizo caso.
Tres reencarnaciones después, seguía contracturada, cada vez más dolorida.
Homenaje
Estamos aplaudiendo hace diez minutos. No podemos parar, estamos obligados. Tenemos las palmas rojas pero seguimos. Ya van treinta minutos. Algunos están lastimados. Mas sabemos que el castigo a la desobediencia podría ser severo. Una hora. A todos nos sangran las manos. El agasajado toma el micrófono. Dice que no exageremos, que se nota. Seguimos aplaudiendo.
Cumplir tu sueño
Ha llegado el día. En cuarenta y ocho minutos por fin vamos a vernos. En cuarenta y ocho minutos por fin voy a quedar para siempre en tu corazón. En cuarenta y ocho minutos por fin vas a saber cuánto significás para mí.
Hoy falté al colegio para preparar hasta el último detalle. Me desperté a las siete de la mañana, me bañé y me vestí con la camisa, el jean, los zapatos y hasta las medias y el calzoncillo que usé en aquel cumpleaños en el que bailamos un tema y en el que me dijiste ¿qué te pasó que hoy te vestiste bien? Me perfumé con CK One, que sé que te derrite, y salí a comprarte un ramo de rosas teñidas de celeste. Después volví, escribí la carta que voy a darte en unos instantes y salí. Pasé por la farmacia y enfilé para el punto de encuentro que acordaste conmigo sin saberlo.
Sos siempre la primera en salir de la escuela. Es parte de la construcción que has ido haciendo de tu carisma. Falta un minuto para que suene el timbre, siempre tan exacto, y un minuto y veinte segundos para que salgás. Cuarenta y cinco segundos, treinta, quince. Saco la jeringa. Con pericia casi profesional me incrusto la aguja en la vena del brazo y me meto veinte milímetros cúbicos de aire. Ahí venís. Ya oigo tu voz. En el diario íntimo que robé la semana pasada de tu mochila escribiste que tu sueño es encontrarte un día a la salida del colegio con un chico que lleve una carta de amor para vos en una mano y un ramo de rosas celestes en la otra y que, delante de todo el mundo, caiga muerto de amor a tus pies.
Diluvio y génesis
Pero el Señor se equivocó cuando pensó que, por ser de una misma especie, las parejas se atraerían entre sí y sólo entre sí. Enorme fue su sorpresa cuando, pocos meses después de terminado el diluvio, vio nacer minotauros, sirenas, pegasos, grifos, centauros, esfinges, unicornios, ornitorrincos…
Interés leonino
En su primer día al frente del Ministerio de Educación, el Tuerto López se sienta frente al escritorio, cierra el ojo y hace un repaso de su carrera laboral. Se detiene especialmente en el primer año de docencia en escuelas primarias, en sus alumnos de aquel momento, en la afición de estos últimos por las hondas, en la puntería que tuvo uno de ellos para atinarle al rostro del docente inexperto. Cuando concluye el racconto, abre el ojo, enciende su computadora y redacta la Ordenanza 35, que impone para todas las escuelas de la provincia la cría obligatoria de cuervos.
Hablé con ella
Mamá me explica que esos ruidos que escucho por las noches son las almas de mis abuelos, que me protegen. Papá, en cambio, me dice que debe ser el viento.
Cuando le comento lo que dice mamá, papá se enoja y me grita que no puede ser, que mi madre no podría decirme eso. Yo no entiendo cómo puede estar tan seguro, si hace años que no habla con ella.
Desde que la enterramos, mamá sólo me visita a mí.
Triángulo de Möbius
Ella sueña que lo ve a él intentando reconquistar a su ex novia. No puede acercarse y darle vuelta la cara de una cachetada como quisiera. Desespera. Despierta. Lo ve dormir inmerso en una sonrisa. Le da un codazo en las costillas, se da vuelta y regresa a terreno onírico.
Él, que está soñando un reencuentro con su ex, siente, aún en el sueño, el golpe. Sabe que no hay nadie alrededor de ellos dos, sabe que no fue nadie allí presente. Siente culpa y se aleja sin dar explicaciones. La ex entonces también toma distancia pero le manda un mensaje de texto que dice no creas que no me di cuenta.
Él despierta con una angustia extraña. A su lado, ella no respira y tiene un cuchillo atravesado en las costillas. El hombre ahoga un grito y corre a buscar el teléfono. En la cocina, su ex, mientras revuelve una taza de café, le alcanza el teléfono y le dice buen día.
Presencia I
No quiero cerrar los ojos. No quiero volver a verte.
Selección natural
Existió un bicho bolita claustrofóbico. No duró mucho.
Fugitivo
-¿Y por qué te buscan?
-Por algo que sucedió hace unos años… Un asalto, en el que murió una persona.
-¿Te quieren ver preso?
-No. Bajo tierra me quieren.
-¿Para tanto? ¿A quién mataste?
-No maté a nadie.
-¿Entonces?
-En aquel asalto, el muerto fui yo.
El alimento de los colibríes
El colibrí despliega por primera vez ante el ornitólogo la danza que durante tantos días ha preparado. El hombre, fascinado, filma el fenómeno. El león entra súbitamente en escena y derriba al observador. Rápidamente, lo mata y comienza a comerlo. El colibrí cobra su parte del trabajo: devora con fruición el iris de los ojos del ornitólogo, consume su ración de colores.

Aprendizaje
Después de aquel inconveniente, ninguno de los niños del jardín de infantes quiso volver a jugar al doctor con el hijo del cirujano.

Volver a ser una familia
Mi hermana menor y yo caminamos por la playa. Vamos a encontrarnos con papá. Hace años que no lo vemos y la emoción nos ha puesto nerviosas. Pero nos damos aliento y seguimos. Ya lo divisamos. Está contemplando el ocaso junto a su novia y su hijita nueva.
Nos ponemos frente a sus narices y, mirándolo a él, comenzamos a cantarle una canción, como hacíamos de niñas. Papá se pone pálido. Para completar la sorpresa, mamá y mi hermana mayor se acercan por detrás de ellos tres y disparan, eliminando a las que sobran.

Examen final
Profe, se está macheteando, gritó un alumno señalando a un compañero. Ya sabés que no me gustan los botones, le contestó la docente sin levantar la vista de la tablet. Y al que vuelva a hablar le quito la hoja, agregó.
El acusado apoyó suavemente el machete en el suelo y dejó que la sangre fluyera. Sus compañeros siguieron escribiendo en silencio.

Dolores fantasma
Son terribles los dolores fantasma. Desde la amputación, cada día me duele, me pica, me arde tu cuerpo.

El motivo
Penélope rechazó sistemáticamente las propuestas amorosas de los pretendientes: ninguno de ellos logró hacerla gozar tanto como Ulises.

Jaque mate
Para preparar esta variante de la infusión típica rioplatense, debemos utilizar los ingredientes y las proporciones que detallamos a continuación: por cada quince cucharaditas de yerba mate, una de azúcar para cortar el amargor y media de cianuro para darle el toque final. La temperatura del agua, a gusto del cebador.

Sobreviviente
Mi padre era un jugador empedernido y así me crió. Me enseñó a jugar a la ruleta siendo yo muy chico. Me regaló una que era pequeña, para que mis amigos y yo pudiéramos manipularla fácilmente, pero que disparaba las mismas balas.

Limpiar la casa
El perro se entregó mansamente al cuchillo: levantó el hocico, como cuando olía algo a la distancia, y el filo le trazó una línea perfecta. Los niños, también. Uno a uno, fueron imitando al perro: levantar el mentón, cerrar los ojos, sentir la caricia suave del metal. Dios así lo exigía y ellos así lo honraban. Todos los niños igual, salvo el último en la fila, que no levantó el mentón sino la voz, para decir que no, para gritar blasfemias. Entonces, supimos que era él, que ese era el poseído, el causante de la sequía con que nos castigaba el Altísimo. No pasó por el cuchillo, sino por el fuego, que purifica.
Desde aquel día, la paz y la alegría han vuelto a reinar en el pueblo. La sequía continúa, pero eso es lo de menos.

El que ya no está
Hoy me llamó Pedro. Temblé al oír su voz: me llama cada tantos años, siempre para informarme que ha muerto uno de los del grupo de amigos de la escuela.
Empezó con su frase de protocolo habitual y en la segunda oración pronunció, como siempre, el nombre del que ya no está. Esta vez, fue el mío.

Teatro hiperrealista
Gran estreno. No te lo podés perder. Esta noche, primera y última función de El suicida.

Sincronía
Llevaban una vida muy ordenada. Todo lo que hacían en el día estaba fríamente calculado. Y lo que hacían en la noche, también: dos veces por semana —martes y jueves— hacían el amor, las otras noches leían; después, dormían de 23:50 a 6:50 —él del lado derecho de la cama, ella del lado izquierdo—. Cada uno soñaba con la persona a la que deseaba realmente.
Pero una noche se propusieron romper la rutina y cada uno durmió en el lugar que le correspondía al otro. Y cada uno soñó con la persona a la que el otro deseaba. Pudo haber sido una catástrofe, pudo haberse terminado el matrimonio a la mañana siguiente, pero todo siguió el curso preestablecido. Ambos deseaban a la chica del departamento de enfrente.

Consulta telefónica
Estamos preocupados, doctor. Hace tres días que la nena no duerme; tampoco quiere comer, ni respirar. ¿Puede ser algo grave?

Despechado
Ella se subió al barco sin mirar atrás. Él sabía que no iba a volver a tener noticias de ella. Entonces, lloró. Lloró mucho, muchísimo. No hizo otra cosa esa tarde. Tanto lloró que la marea creció violentamente y las olas fueron enormes y el mar se tragó al barco. Y nadie tuvo jamás noticias de quienes viajaban en él.

Ejecución perfecta
El árbitro habilitó la ejecución con un silbatazo. El del diez en la espalda disparó desde el punto penal. El del uno en la espalda no volvió a levantarse.

A destiempo
Tu te amo, tu te extraño, tu quedate conmigo, tus lágrimas, tu abrazo. Todo eso, tarde. Todo eso, cuando ya no sirve. Todo eso, después de tu décima puñalada en mi abdomen.

Las sobras
Anoche cené con mis ex. Con todos juntos. Bueno, no exactamente con ellos. Puse en la mesa lo que de cada uno me dejé y comí. El sabor no es muy distinto del de los corazones de vaca.

Esclava
Entre un Batman, un Superman, tres enfermeras, dos futbolistas y un Bob Esponja, salen las dos monjas de la fiesta de disfraces. En la esquina, se besan, se acarician, se manosean. Una de ellas invita a la otra a su casa y hacia allí se dirigen.
Ya en la puerta, mientras una busca las llaves en su cartera, la otra dice que no quiere, que no puede, que se va. Entonces, sin esperar respuesta, sale corriendo y regresa a su vivienda, el convento.

Tortura feliz
Desde entonces, cada almuerzo y cada cena (y cada segundo de sus vidas) tuvieron que comer y comer y comer perdices. Y aun peor: ni por un instante pudieron dejar de sonreír.

Leonardo Dolengiewich (Argentina; 1986)

Es escritor y psicólogo. Coordina talleres de cuento y microficción para adultos y adolescentes. Sus microficciones han sido publicadas en Argentina, Chile, Perú, Colombia, Venezuela, México, España e Italia, tanto en antologías como en revistas literarias y sitios web especializados. Tiene dos libros de microficciones publicados: La buena cocina (2015) y Colibríes feroces (2019). Su blog: www.mepodesleeraca.blogspot.com

La obra de Dolengiewich se inscribe en esa tradición particular del microrelato satírico, de humor entre ingenuo y mordaz. Por momentos recuerda al ingenio de Monterroso, a las historias juguetonas de Pedro Lipcovich y también a la crueldad y el humor negro de Jacques Sternberg. La mejor imagen que describe el estilo narrativo de Dolengiewich es una nube de jejenes, pequeños, punzantes, diminutos pero capaces de dejar un escozor perdurable.

Este audiocuento es una realización de Color Ciego Producciones 

 

 
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