Nunca es tarde

Relatos australes | Por Gonzalo Vaca Narvaja

Escuchá este relato en su versión audiocuento


Una
serie de instantáneas retratan momentos definitorios o decisivos de personas corrientes que se transforman por dentro en momentos aparentemente
anodinos

 

No matarás

El artículo estaba bueno. Era autocrítico, profundo, hasta reflexivo. Miró el horizonte: el sol comenzaba a dormirse sobre la montaña. Algunos pájaros cantaban ajenos al mundo de los hombres.
Nadie es perfecto, tampoco el mundo, menos la ética. Prendió un cigarrillo y agradeció en secreto las palabras del autor.
Nada le había hecho mejor que reconocer su derecho a la venganza; atrás quedaba una casa en llamas y las cenizas de un hombre cuyo destino era morir en manos de otro hombre.
Su alivio ahora, no era el tibio alivio de los hospitales, sino aquel que surgía de las batallas. Estaba vivo.

Los zapatos

Hay una canción cubana para chicos que habla de los zapatos. En general casi todos hablan de ellos.
Se conoce que aquellos que poseen cordones suelen acomodarse por las noches y abrazarse.
Un zapatero de la calle Entre Ríos diseñó un par capaces de atravesar ríos, lo curioso de ellos era que siempre permanecían secos. Nadie le creyó.
El viejo inglés Hurlingan se los compró, les hizo un par de modificaciones y los utiliza cuando llueve.
Acostumbra a treparse a las nubes saltando entre las gotas.
La verdad es que también se mojan.

Las manzanas

Nada es serio. En general el tiempo se comporta al revés y todo lo que va hacia delante está recordando lo pasado. ¿Será por eso que el hombre destruye lo vivido?
Shailing en cambio es puestero del mercado norte y si bien no alcanza a recordarse a sí mismo, busca entre las hortalizas y las frutas una respuesta a sus preguntas más importantes.
Si una manzana fue capaz de modificar un cuento como el de la Bella durmiente y otra la de lanzar a dos jóvenes de un paraíso, algo hay en estas frutas como para intentar una respuesta.
Limpia, habla, dialoga y hasta baila, intentando con ello llegar al corazón de estos frutos que la naturaleza regala, pero todo sin resultado. La fruta se niega y él permanece solitario desprendiéndose de ellas por el valor que les otorga el mercado. Lo que no sabe es que conforme se alejan de su puesto, se convierten en la boca de apetecibles adolescentes.

El pez

No posee calendarios, ni relojes, sólo un gran espejo donde se ve dibujado y sin parecerse.
La única metáfora que conoce es la del río, “aquel que nunca es el mismo” y en ella centra sus reflexiones.
Sabe que es la hora de la tarde del día en que le toca comer.
Si fuese un perro movería la cola. Sube a la superficie cerca del burbujero que le da oxígeno y engulle esa comida que le recuerda al río.

Profesionales

No importa para quién –dijo–. Lo que debe quedar claro es que la tarea sea reconocida y fundamentalmente jerarquizada. En la vida, el único principio real es el de la supervivencia.
En cualquier caso si esto es lo que existe hay que mantenerlo y alimentarlo para que se perpetúe; y si en el camino hay que hacer algunos guiños, o provocar algunas ilusiones, pues bien, no importa, todo sea por esos días de vacaciones que nos permiten ser uno mismo.
Cuando llegó a la playa, la ola que la arrastró fue fulminante. En aquel extremo del mundo la locutora pidió disculpas porque el parte del servicio de meteorología había llegado en tiempo pero se había traspapelado en el canal. En el tacho contiguo al inodoro el parte estaba hecho un bollo, y sobre la playa permanecía un bronceador marca “rayito de sol” sin dueño.

El pintor

Ha escapado siempre. De sus padres, el orfanato, de las clínicas. Siempre ha escapado. No concibe la existencia sin la posibilidad de una huida, de una salida hacia un lugar diferente para volver a empezar.
A veces una ventana, a veces una puerta; las dibuja, las abre y se pierde…

El ciudadano

Sube al ómnibus y luego de pagar el boleto se dirige hacia fondo. Por la ventanilla ve pasar un sin número de vehículos, de diferentes tamaños y colores.
A esa hora de la mañana los rostros de la gente permanecen ausentes, el sueño no se ha desprendido de ellos y cierta ingravidez los arrastra hacia movimientos mecánicos, erráticos y excéntricos.
Es curioso: nunca en su trayecto hubo marcha atrás, por el contrario, siempre se trata de detenciones y de avances.
Decide sujetarse al pasamanos, romper la rutina que lo abraza hacia ningún lugar. Sabe que en otros países los elefantes eligen donde morir en un acuerdo silencioso y secreto.
Nadie lo ve, tampoco lo recuerdan; el coche 324 espera el desguace. Hay soledad y un paisaje de carrocerías oxidadas, obsoletas, e inservibles.
En otro colectivo, paralelo al suyo, una mujer lo saluda con la mano. La recuerda de algún lugar disuelto en el tiempo. No la saluda, “tampoco es cuestión de intimidar con desconocidos”, piensa.

Genocida I

No se trata de hacer alarde. Lo hecho, hecho está; aunque la gente no lo entienda, siempre alguien debe pagar por los platos rotos, de lo contrario no se podrían comprar otros.
El hombre miró el río que lo había vomitado como si se tratase de un pedazo de grasa en mal estado. Nadie lo quería, ni siquiera la muerte que lo condenaba a repetirse.

La tarea de un vampiro

El pequeño Agustín no supo de sustos hasta aquel día. Traspasó la puerta con cuidado, más por prudencia que por miedo. No creía en aquellas cosas, ni en lo que contaban los chicos en los recreos de la escuela.
En la semipenumbra del cuarto los objetos languidecen suspendidos en el tiempo, atados por telarañas capaces de vibrar ante el más leve movimiento del aire.
El cuarto permanece intacto y silencioso, con el espejo del ropero tapado por un paño oscuro e impenetrable.
Por la pequeña hendija se percibe el descenso de las sombras y la hora de la tarde.
–Nadie, dijo, debe contar historias.
Desde hacía varios años frecuentaba la misma escuela. Cerró la puerta sabiendo que estaba bien peinado, y que una vez más no precisaba de la vanidad de espejo para reconocer quién era. Tampoco tenía hambre y la noche recién comenzaba.

La tarea de un cura

Ramírez es sacerdote de “Alto viejo” en Jujuy. De edad mediana, flaco, espigado, de voz ronca y estilizadas manos. Él sabía llegar a la gente. Los escudaba, sin sacarles la mirada de los ojos y luego les hablaba una y otra vez de los hechos de los apóstoles.
“Hay un solo libro imprescindible”, decía en todos los sermones, y es éste, continuaba mientras lo elevaba hacia el cielo.
La gente de “Alto Viejo” lo admiraba y veía en él todo lo que jamás llegarían a ser.
“Frente a la perfección toda acción humana es un fracaso” redecía a Doña Juana, la abuela más antigua del pueblo.

La noche estaba fresca y el viento del este acariciaba la piel sin lastimarla.
Al pie de la quebrada y sin alas yacía Ramírez, con el rostro desencajado y el cuerpo fracturado. A su lado el inseparable libro lo acompañaba.
Hubo desconcierto y pena, duelo y varias hipótesis, pero la verdad es que nunca se supo lo ocurrido. Cada tanto, Doña Juana le dejaba allí sobre su tumba un par de flores silvestres y le leía aquellas historias que a él tanto le gustaban; al fin y al cabo ella nunca supo las consecuencias de cambiar un libro escrito por otro vacío….

Este audiocuento es una realización de Color Ciego Producciones


Gonzalo Vaca Narvaja (Córdoba, 1958)

Escritor y editor. Publicó Crono/atemporal (novela, 1982), El desierto y las naves (poesía), El fruto del cauce (relatos), Voces de otra orilla (poesía), Naves de la cañada (cuento para chicos), El cuerpo (poesía), La torre de las penurias (novela), Córdoba negra (antología de cuentos de terror), El beso de Claudia (narrativa, 2007), Nunca es tarde y otros relatos (publicado con pseudónimo, ilustraciones Luis Bernardi, 2008), Inequidad de la noche (poesía, 2014), Bajo la sombra de los talas (novela, 2015), Rastros de un pez bajo el agua (plaqueta, 2016). Ha publicado en México y España. Creado y dirigido diferentes publicaciones periódicas, entre ellas La Luciernaga, Duendes de la Cañada, El ventanal de Barrio Pizarro en Unquillo, reportajes de teatro etc.
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textosunquillo.blogspot.com

Importante difusor de la literatura por décadas, Gonzalo Vaca Narvaja además cuenta con una obra tan prolífica como diversa. Los presentes textos han sido tomados del libro. “Nunca es tarde y otros relatos” Año 2008.

 

 

 
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